Epicuro

Eran malos tiempos para las personas de la Grecia antigua. Alejandro había muerto y, con él, las aspiraciones a la constitución de un helenismo universal. La democracia ateniense ya era sólo la sombra de un sueño desvaneciéndose en el eco de una brisa. Surge una serie de escuelas filosóficas cuyo principal interés no es, como en tiempos anteriores, descubrir el ἀρχή, la materia prima con la que se construye la realidad, sino averiguar en qué consiste la felicidad y, gracias a ello, alcanzarla.

Para Epicuro, la felicidad consiste en vencer al miedo para, así, conquistar la suprema libertad. En su programa de actuación, define que son cuatro los miedos que envenenan nuestra alma (miedo a los dioses, al dolor, a la muerte, al fracaso en la búsqueda del bien), de donde que cuatro sean también los remedios (φάρμακα) de esa enfermedad. Es el tetrafármaco (τετραφάρμακον) epicúreo, un sistema de creencias y actitudes que todavía hoy podemos seguir utilizando en la búsqueda de la felicidad o, al menos, en la evitación de los temores que nos llevan al shock, a la incertidumbre y a la sumisión.

Intentemos ver cómo actualizar, aunque sea muy banalmente, ese tetrafármaco.

  1. No temas a quien no le puedas poner cara (los mercados, las gripes de nombre comercial, el enemigo invisible, insidioso y cercano).
    1. El miedo a las amenazas ocultas (el virus de la Gripe A) nos impide buscar alternativas racionales.
      1. Las amenazas ocultas suelen ser enunciadas por quien quiere dominarte por el miedo.
      2. La auténtica amenaza es quien basa su discurso en la amenaza oculta. Contra esa persona hay que luchar:
        1. Derrotándola.
        2. Dejando al descubierto sus intenciones.
        3. Haciendo que los demás la identifiquen como amenaza.
        4. Reduciéndola al ridículo.
        5. No aceptando su discurso.
  2. No le tengas miedo al dolor (físico o psíquico).
    1. Si es insufrible, acabará contigo.
    2. Si es sufrible, pasará.
      1. Si, para evitar un dolor incierto (las presiones de los mercados), te piden que asumas un dolor cierto (recortes, despidos, pérdida de la felicidad), te están manipulando.
  3. No dejes que te venza el miedo a la muerte.
    1. Tras ella, no hay nada.
      1. Vive el momento.
      2. No aceleres ni busques la muerte.
  4. Triunfaremos en la búsqueda del bien satisfaciendo los deseos en su justa medida.
    1. Satisfacer los deseos naturales (necesarios e innecesarios) lleva a la felicidad.
      1. Los deseos naturales y necesarios (las necesidades físicas básicas) buscan evitar el sufrimiento.
      2. Los deseos naturales y no necesarios (la amistad, la buena conversación, las artes), elevan el nivel de disfrute.
    2. Los deseos no naturales y no necesarios (la fama, el poder, el prestigio, el último modelo de teléfono móvil, un mes de vacaciones en el Caribe), al buscar satisfacerlos, nos provocan el sufrimiento de:
      1. Lo que no tenemos y queremos tener.
        1. En esta disonancia, nos vemos aprisionados por una necesidad que nos hemos creado y que, bien pensado, no nos aporta nada nuevo una vez la hayamos satisfecho.
      2. La lucha por obtenerlo.
        1. La búsqueda del elemento material que responde al deseo no natural y no necesario nos lleva a meternos en problemas que no necesitamos tener.
      3. El miedo a perderlo.
        1. Como esa cosa no es connatural a nosotros y hemos perdido la calma buscándola, no podemos relajarnos considerándola eterna.
          1. Esa cosa puede ser efímera por sí misma (el poder, la fama, el prestigio).
          2. Esa cosa puede ser efímera porque llegue otra más apetecible y la haga prescindible (el móvil más reciente, el coche más bonito…)
        2. Como esa cosa no es connatural a nosotros, su posesión nos obligará a buscar más cosas iguales.
          1. La obsesión con ese tipo de deseos termina convirtiéndonos en esclavos de ellos.
          2. Esa esclavitud nos forzará a desear más objetos y a seguir empeñando nuestra libertad en su servicio.

¿Qué te parece? ¿Tenía o no razón el viejo Epicuro?

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