Minientrada

FÁBULA ELECTORAL TERCERA (CON PERMISO DE FEDRO)


Un candidato, cruzando una calle camino de un debate con dos eslóganes en la cabeza, en una valla vio su propio cartel retocado con Photoshop y con el lema de campaña del partido.

Convencido de que era aquel otro candidato (tan diferente quedaba en la foto), quiso robarle el lema pero, engañado por su propia falta de seso, se olvidó de sus eslóganes y no consiguió aprenderse tampoco el nuevo.

Minientrada

FÁBULA ELECTORAL SEGUNDA (CON PERMISO DE LOS CLÁSICOS)


En el calor de la campaña electoral, un candidato vio a su alcance la Presidencia del Gobierno.

Pensando que ya la tenía en el bolsillo, hizo varias declaraciones buscando el voto de los partidarios de su rival, pero la Presidencia se le alejó.

— “Tengo que intentarlo con más fuerzas” –se dijo– e hizo unas declaraciones más radicales, pero la Presidencia se le alejó.

Viendo que con sus palabras no se saltaba las intenciones de voto, intentó recuperar su discurso original, pero sus propios votantes se le alejaron.

Frustrado, confuso y deprimido, pensó el candidato:

— “¿Y quién quiere ser Presidente? Tampoco apoyaré un Gobierno presidido por ese otro”.

Minientrada

FÁBULA ELECTORAL PRIMERA (CON PERMISO DE ESOPO)


Oyó un votante las cosas que decía un candidato. Hurgó en sus palabras y encontró sólo un eslogan de campaña. Rebuscó en su programa y sólo encontró un cartel. Mirándolo en la pantalla de su móvil, dijo el votante:

– “Hermosa estampa. Lástima que no tenga cerebro”.

Los estudios de comunicación y la UAL

Etiquetas


Pagina-3-Paraninfo“¿Queda algo por hacer, se preguntarán ustedes? Hay estudiantes, hay profesorado dispuesto, hay personal investigador, hay publicaciones, hay un Máster, hay un Centro de I+D. Falta una cosa: poner en marcha el Grado en Comunicación y Nuevas Tecnologías que hace años aprobó la Junta de Andalucía para ser impartido en la Facultad de Humanidades. En mi opinión, ha llegado el momento de dar el paso e implantarlo. Si es necesario, posible y útil, ¿a qué esperamos?”

Origen: Los estudios de comunicación y la UAL, artículo publicado en el suplemento “Paraninfo” de Aula Magna (octubre 2015).

¿Tutear al Rey?


image

Asisto con un cierto asombro al revuelo que se ha organizado porque una osada periodista tuteó al Rey al entrevistarlo tras la victoria española en el Campeonato Europeo de Baloncesto. La calificación no es mía, por cierto, sino que recoge el titular de un diario de ámbito nacional. Me caben dudas de si la habrían motejado así en el caso de que hubiera sido varón, pero no es tal el tema que quiero tratar.

El tratamiento que se le ha dado al hecho informativo, si tal relevancia merece, hace hincapié en que se le pudiera haber faltado el respeto al Jefe del Estado español. Parece como si el uso del tuteo fuera reprensible sólo en esta circunstancia pero… ¿lo es?

Cuando volvemos la vista a las enseñanzas de la Retórica, vemos que al orador se le pide una serie de operaciones mentales antes de empezar a construir su discurso. Una de ellas, la inventio o recopilación de materiales, tiene que ver con saber qué decir, de dónde tomar inspiración o tener claro a quién se le habla.

Dentro del proceso intelectual de la inventio se sitúa la delimitación de la materia, esto es, saber de qué va el tema. En latín se le llama quæstio.

Aquí los viejos maestros de Oratoria distinguen entre el asunto concreto (quaestio finita) y el asunto de fondo (quaestio infinita). El asunto concreto hace referencia a un hecho específico que ocurre en un momento dado, a una persona dada, en un lugar identificable; el asunto de fondo es lo que hay detrás de todo eso.

El ejemplo que solían poner es si un viejo (llamémoslo Marco) debe o no casarse con una joven (llamémosla Marcia). El asunto se puede tratar como quaestio finita discutiendo sobre las prendas personales de Marco y Marcia y las ventajas e inconvenientes de su unión. El problema es que, al hacer esto, el asunto se banaliza. Al fin y al cabo, ¿qué nos importan Marco y Marcia?

Distinto será que el orador haga muestra de ser persona que piensa y proponga, antes de hablar de Marco y Marcia, que pensemos si es lógico que un viejo se case con una joven. Al hacerlo, abandona la quaestio finita y entra en la quaestio infinita, el auténtico asunto de fondo.

La preceptiva retórica dice que con este recurso consigue el orador mayor elegancia porque enmarca el asunto en su contexto auténtico. No es sólo eso. Cuando buscamos la quaestio infinita nos acostumbramos a hurgar bajo las apariencias y el revuelo y a pensar en la realidad no visible: prescindimos de la opinión y nos centramos en el conocimiento intelectual. Un ejercicio sano, sin duda, aunque peligroso, porque corremos el riesgo de convertirnos en seres pensantes.

Así pues, volvamos al punto de partida: ¿deberíamos discutir si es procedente que una periodista tutee al Rey o, más bien, plantearnos si el tuteo a un desconocido es aceptable?

Plantéese la quaestio infinita, a ver qué le parece. En cuanto a mi opinión sobre el asunto, habrá podido usted deducirla a estas alturas, ¿verdad?