Ocnos

Ocnos y la burra

¡Qué raros eran a veces los griegos y qué problemas nos causan sus símbolos! Hay un personaje del que poco se sabe y menos se entiende. Lo llamaban Ocno (Ὄκνος) y lo representaban como un anciano dedicado a trenzar una cuerda que un burro va comiéndose. Cuentan que representa la duda, aunque también se le relaciona con la incesante necesidad de desarrollar un trabajo inútil.

¿Qué se ha dicho de Ocno?

Normalmente, se suele citar el inicio de Ocnos, de Luis Cernuda, y su remisión a unas palabras de Goethe:

Cosa tan natural era para Ocnos trenzar sus juncos como para el asno comérselos. Podía dejar de trenzarlos, pero entonces, ¿a qué se dedicaría? Prefiere por eso trenzar los juncos, para ocuparse en algo; y por eso se come el asno los juncos trenzados, aunque si no lo estuviesen habría de comérselos igualmente. Es posible que así sepan mejor, o sean más sustanciosos. Y pudiera decirse, hasta cierto punto, que de este modo Ocnos halla en su asno una manera de pasar el tiempo.

No obstante, también esto produce dudas: según Luis Maristany, parece poco probable que nuestro poeta hubiera tomado el texto del romántico alemán directamente y bastante probable que haya una fuente intermedia, quizá un artículo de Ortega y Gasset titulado, precisamente, Oknos el soguero.

Recurrir a los mitólogos tradicionales tampoco nos ofrece muchas seguridades. Grimal, por ejemplo, lo despacha con un “no llego a entender la leyenda”. Howatson, en The Oxford Companion to Classical Literature (s.v.), sigue la vertiente tradicional:

En el mito griego, una figura simbólica del inframundo, famosa por la pintura de Polignoto en la Leschē o sala pública de Delfos (vista por Pausanias). La historia nos cuenta que Ocno era un hombre industrioso con una esposa extravagante que se gastaba todo lo que él ganaba, de modo que llegó a simbolizar el esfuerzo inútil; en el inframundo se dedica a trenzar incesantemente una soga que una burra colocada a su lado se va comiendo sin cesar. Su nombre indica la falta de logros más que la pereza.

¿Cómo lo interpreto yo?

O sea, que no tenemos claro qué representa ese Ocno: el esfuerzo sin resultados, la falta de logros, la duda, la pereza… Por mi parte, propongo una interpretación que no necesariamente debe atenerse a la realidad pero que nos puede ayudar a descodificar la imagen tradicional.

Veamos: la representación del personaje nos presenta a un varón de edad evidentemente avanzada trenzando una soga que se come un burro. El varón de edad avanzada y con barba frondosa suele ser la forma de referirse al sabio (Del viejo, el consejo, dice nuestro refrán español), de la misma manera que el equino suele ser el trasunto de la necedad o falta de luces. Tendríamos, entonces a la sabiduría y a la estulticia enfrentadas.

Que Ocno sea habitante del inframundo nos indica que hay algo en su pasado que lo ha hecho acreedor de un castigo especialmente doloroso y duro: si su delito hubiera sido venial, no habría quedado como paradigma de nada. La pregunta será, entonces, qué hizo nuestro anciano para haber sido punido de tal manera o, dicho de otro modo, qué pecado ha cometido la sabiduría para ser condenada a soportar el ataque de la estupidez

La respuesta quizá esté en la soga. Ocno, la sabiduría, realiza un trabajo metódico y continuado: tomar varios haces de fibras y combinarlos para crear algo más fuerte y resistente que cada uno de ellos por separado. La soga es el resultado de una creación continuada que requiere saber qué se hace y qué se quiere conseguir, un método aplicado a una finalidad prevista.

Frente a eso, el burro (o la burra) se limita a devorar los frutos del trabajo de Ocno. Da igual el empeño que él haya puesto en su soga: el asno se la come igualmente porque la tiene al alcance del dentado y porque está hecha de un material que le resulta apetitoso. Ocno crea; el burro destruye. La sabiduría crea lo que el equino come. El resultado de esa alimentación no es que el burro adquiera ningún atributo de Ocno, luego la cuerda lo alimenta pero no le aprovecha, de donde que el trabajo incesante de Ocno sea la contrapartida de la destrucción incesante de la cuerda.

Visto así, podríamos pensar que el fruto de la sabiduría aplicada constantemente a la creación es la ciencia o el conocimiento. Se trata de algo que el sabio no puede dejar de hacer y que está condenado a perecer entre las quijadas de la ignorancia.

La ciencia siempre está amenazada por la necedad y la estupidez. Ocno, la sabiduría, no puede dejar de trabajar. El burro, la estulticia, no puede dejar de comer. El conocimiento es ese efímero lapso de tiempo entre el momento en el que la sabiduría llega a la luz pública y toma forma corpórea y el otro en el que perece bajo las muelas de la estupidez.

Pobres de quienes dedican toda su vida a crear conocimiento para que los necios acaben con él. ¡Qué triste sino y, sin embargo, qué hermosa tarea!

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