Etiquetas

aquaclaudia

Hoy mismo, ha salido a la luz el resultado de una operación de la Guardia Civil contra lo que parece ser una trama de corrupción en una empresa pública encargada de las infraestructuras hidráulicas en España. Sin duda, los nomenclatores del Cuerpo tienen inventiva y una cierta cultura porque a las investigaciones que han llevado a la intervención ha recibido el nombre de “Operación Frontino”, un nombre que nos explica, por ejemplo, EuropaPress.

El nombre ha dado mucho juego, claro, y hasta ha aparecido en el comentario de Pepa Bueno, hoy mismo, en la Cadena Ser, que termina con las siguientes palabras:

Pobre Frontino, si levantara la cabeza y viera que su nombre le sirve de inspiración para etiquetar presuntos chorizos a esta Guardia Civil eficaz, moderna y culta que, por fortuna, tenemos.

frontinoEn realidad, a lo mejor resulta que el bueno de Frontino se sentiría en cierta medida más halagado por el uso de su nombre que irritado por su vinculación con corruptelas administrativas. ¿Por qué? Veamos quién fue y alguna de sus opiniones.

Sexto Julio Frontino, que nació hacia el año 40 de nuestra Era y murió en el 103, fue uno de esos hombres para todo que se necesitan si se quiere que una administración funcione. Su carrera política (el cursus honorum) revela que era persona recta y seria, de las que se ponen a trabajar en lo que se les encarga en lugar de encargar a otros que trabajen. Él mismo lo viene a decir en el comienzo de su tratado sobre los acueductos de Roma (De aquis I, 2) con unas palabras que sólo pueden venir de un administrador consciente y competente:

Y no me parece mejor fundamento de cualquier actuación ni mejor modo de saber qué hacer o no hacer, ni nada tan vergonzoso para cualquier hombre, como desempeñar un cargo a las órdenes de sus ayudantes, cosa que tiene que ocurrir cuando la falta de experiencia del comisionado se apoya en la costumbre de otros que, aun siendo necesarios para el desempeño del cargo, deben serlo igual que las manos y herramientas del que tiene esa responsabilidad.

Entre los años 95 y 98, actuando en calidad comisionado del Emperador Nerva para el abastecimiento de agua (curator aquarum), Frontino hizo una descripción del sistema de acueductos de Roma, calculó cuánto líquido debía entrar en la ciudad y lo comparó con las mediciones de las que disponía. Sorprendido, o irritado, o indignado, descubrió un fraude generalizado y dejó constancia de él en la segunda parte de su informe detallando acueducto por acueducto lo que había encontrado (De aquis II, 64):

Atónito ante esta situación, sobre todo cuando considero de que la tarea principal de mi cargo consiste en analizar la bondad y caudal de nuestro suministro de agua, me hizo dedicarme con empeño a investigar cómo podía ser que, por decirlo llanamente, hubiera más agua en el contrato que en las propiedades.

Quizá el “Hacienda somos todos” sea sólo un brillante eslógan, como vino a afirmar la Abogacía del Estado hace pocos días sin que el padre Júpiter conmoviera los cielos con un trueno. Ahora bien, le doy la razón al bueno de Sexto Julio es que, si no hay nadie que ponga freno a la deshonestidad, aunque sea desvelándola, acabaremos hundiéndonos bajo el peso de las tarjetas de crédito, los sobres y las comisiones.

Así que, cuando oigo que a una posible corruptela en las infraestructuras hidráulicas españolas le han puesto el nombre de Operación Frontino, pienso que, en realidad, a él no le habría disgustado que usaran su nombre. Al contrario, se habría removido, satisfecho, convencido de que, por muchos deshonestos que haya, Roma se salvará siempre que haya gente como él, dispuesta a trabajar por los buenos y contra los delincuentes, por muchos y de muy elevada condición que sean.

9788435060745BONUS TRACK

Por cierto, si quieres ver una interpretación desenfadada del carácter de nuestro hombre, siempre puedes leerte “El mito de Júpiter“, la décimocuarta novela de Lindsey Davis dedicada a Marco Didio Falco, una especie de detective de los tiempos de Vespasiano. Ya sabemos que la inspección de las aguas de Roma se la encargó Nerva, pero…