Un candidato, cruzando una calle camino de un debate con dos eslóganes en la cabeza, en una valla vio su propio cartel retocado con Photoshop y con el lema de campaña del partido.

Convencido de que era aquel otro candidato (tan diferente quedaba en la foto), quiso robarle el lema pero, engañado por su propia falta de seso, se olvidó de sus eslóganes y no consiguió aprenderse tampoco el nuevo.

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