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9788493942694Stroh, Wilfried, El latín ha muerto. ¡Viva el latín! Breve historia de una gran lengua, Barcelona, Ediciones del Subsuelo, 2012.

(Atención, esto no es una reseña, sino una entrada para contar una idea que me ha producido la lectura de este trabajo).

Un libro muy interesante y ya obligatorio para clasicistas en general y latinistas en particular. A veces, Stroh actúa como un auténtico provocador; a veces, expone cosas simplemente simples, aunque necesarias para convertir el texto en el elemento divulgativo que quiere ser; a veces, el autor se comporta con un registro un tanto dogmático.

Ejemplo de ese dogmatismo que digo, cuando habla de cómo dividir los discursos y dice, en la p. 61:

“Entonces, con su voz poderosa, pronunció cada palabra con intensidad y fuerza:
bona patris huiusce Sexti Rosci, quæ sunt sexagies,
quæ de viro fortissimo et clarissimo Lucio Sulla,
quem honoris causa nomino,
duobus milibus nummum sese dicit emisse
adulescens vel potentissimus hoc tempore nostræ civitatis,
Lucius Cornelius Chrysogonus

En nota a este pasaje, dice Stroh:

“El texto de un discurso no sólo debería transcribirse siguiendo la puntuación adecuada -que los antiguos desconocían-, sino, como aquí hacemos, divididos según “colones”, es decir, por unidades de discurso, que se corresponden aproximadamente con la respiración. De acuerdo con la estilística clásica, la medida decisiva no es la frase, sino el “colon” (membrum) y el “período” (periodus, ambitus verborum), que está formado por varios colones y, en consecuencia, puede estar compuesto de varias frases, a diferencia de lo que hoy se piensa. La voz se elevaba al principio y descendía al final, de ahí el nombre de periodus (giro, vuelta): los antiguos se guiaban por el proceso del habla, nosotros por el contenido lógico.”

Obsérvese en esa nota cómo, cuando se refiere a cuestiones técnicas (las que se refieren al modo de editar un discurso), el autor se expresa con la cautela del condicional (“no debería transcribirse…”) o de la perífrasis de posibilidad (“puede estar compuesto de varios…”), mientras que, cuando describe la conducta del orador, que es justo lo que no podemos describir porque no contamos con registros multimedia del siglo I aC., cambia al imperfecto de subjuntivo para hacer, más que una descripción, un retrato.

Pero no me hagan mucho caso: lo único que quiero es pedirles que lean el libro, que está muy bien.

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