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Hoy, nuestro mensajero de los Olímpicos, Hermes, nos anuncia que ha dejado de estar entre nosotros para irse a convivir ya definitiva e irremisiblemente con Júpiter. Cada uno podrá decir qué recuerda de Juanvi o a qué lo asocia, pero todos podremos estar de acuerdo en que sus reseñas periódicas de lo que se hacía en la red eran la memoria de nuestras actividades. Igual era el nuncio de la red que bramaba contra una Selectividad que lo indignaba o se pedía unas bambas con alas o se despedía de sus estudiantes hasta septiembre.

ImagenDe golpe, un golpe se ha llevado a Hermes y una parte de Chiron se queda vacía. Nos informaba de un lapidario náutico y de cómo los profesores de Clásicas piensan en algo más que en su propia materia, fue el heraldo del laberinto, el que nos hablaba de enseñar y aprender, el que hilaba y deshilaba el hilo de Ariadna y, en general, el hilo de las Clásicas, llevándonos de Benicássim a la afortunada Galicia, pasando por Montijo, y de Extremadura a los confines del desierto almeriense, siempre escribiendo por el gusto de hacerlo, llevándonos a los loci amœni del mundo antiguo.

ImagenEra, sí, el mensajero de la red clásica. Hizo muy bien su trabajo. Tanto, que Júpiter lo ha fichado con un contrato más duradero que el bronce y nosotros, los mortales, nos quedamos un poco más viejos, un poco más solos, un poco más desconsolados.

Y, cuando veas a los Dioses, diles que aquí estamos, defendiendo a Esparta, a Atenas, a Tebas, a Roma. Diles que luchamos a la sombra de las flechas en la boca de un desfiladero. Díselo como sabes, mensajero.

Buen viaje, Hermes

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