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20130507-225004.jpgEsta mañana, recién levantado y poco antes de despertarme, oía la información local de la Cadena Ser (“Hoy por hoy”, Cadena SER Almería, 07-mayo-2013, 0:05:50.0 – 0:06:45.5) y me encontré con un fragmento de casi un minuto que recorrió mi espina dorsal y me hizo recordar que, pese a las esplendorosas temperaturas de los amaneceres almerienses, el frío es más una sensación que una percepción objetiva. Transcribo el texto para que se vea de qué hablo:

“Quien tiene las obligaciones de los Servicios Sociales es la Junta de Andalucia, no la Diputación, y lo que está haciendo la Diputación es ayudar y colaborar con la Junta de Andalucia, pero especialmente con las personas necesitadas que tienen de ese servicio. Yo creo que los intereses generales deben de estar por encima de los intereses políticos, pero que la Ley es muy clara y sabéis que a mí no me tiembla el pulso cuando tengo que irme a un procedimiento judicial y pedir…”

Hay cosas que nos resultan extrañas, ¿verdad? Más o menos, se entiende qué quiere transmitir el orador, pero lucha esa sensación de comprensión con otra, más profunda e irracional, de perplejidad. Sabemos qué quería decir, pero… ¿qué quería decir? Analicemos detenidamente esta intervención por ver si somos capaces de desentrañar los defectos que contiene y, de este modo, intentar entender los efectos que provoca. Empecemos por la pura expresión y acabaremos por la estructura de la intervención.

Glosa de la intervención
1. Quien tiene las obligaciones de los Servicios Sociales es la Junta de Andalucia…
Comienza el Presidente con un “quien” que nos resulta, por algún motivo, raro. ¿Por qué? Pues porque es uso ambiguo, ya que se refiere primero a una Institución (la Junta de Andalucía) y luego a otra (la Diputación Provincial). No está de más recordar que “quien” hace designación de persona, no de cosa y que, por tal motivo, sustituye a “el que”, “la que”. En este caso de anticipación o prolepsis del relativo habría sido más adecuado emplear “la que”, en concordancia con el género femenino de “Junta de Andalucía”, o “quienes”, que permite formular la pluralidad de personas que componen las Instituciones mencionadas.

Posiblemente, la pequeña extrañeza del texto nos viene provocada por un fenómeno de ruptura de expectativas: se nos empieza aludiendo a un sujeto humano (“quien”) que, de inmediato, se transmuta en sujeto colectivo inanimado o abstracto.
La ruptura del horizonte de expectativas es una técnica potencialmente útil, sobre todo cuando se nota que ha sido exhibida como alarde estilístico que busca, no ya crear la confusión en el receptor, sino poder hacerle sentir que se le ha hecho partícipe de un juego. Es el mecanismo que encontramos en muchos chistes y expresiones humorísticas: empezar la narración de una manera para llegar a un final inesperado cuyo contraste provoca sorpresa y hasta hilaridad.
El riesgo de la ruptura del horizonte de expectativas es que, de un lado, puede equivocar su objetivo y no producir el efecto esperado; de otro lado, puede producirse por inadvertencia del orador y, al ser descodificado por el receptor, causar una vaga sensación de incomodidad.

Acto seguido, el orador introduce el término obligaciones. El uso es incorrecto por varios motivos. En el plano del procedimiento, sabemos que la Junta de Andalucía recibe, en aplicación del Estatuto de Autonomía, las competencias en servicios sociales y la encomienda correspondiente de gestión. En el plano del significado estricto, suele vincularse el uso plural (“obligaciones”) más bien a los sentidos quinto y sexto reflejados en el Diccionario de la Real Academia:

“5. f. Documento notarial o privado en que se reconoce una deuda o se promete su pago u otra prestación o entrega.
6. f. Título, comúnmente amortizable, al portador y con interés fijo, que representa una suma prestada o exigible por otro concepto a la persona o entidad que lo emitió.”

Habría sido más correcto decir “la obligación”, pienso yo, o decir “las competencias”, que es lo que me figuro que quisiera haber dicho el Presidente.

2. Y lo que está haciendo la Diputación es ayudar y colaborar con la Junta de Andalucia, pero especialmente con las personas necesitadas que tienen de ese servicio
Es relativamente frecuente encontrarse con una construcción bimembre sinonímica de este tipo. Cuando se usa a propósito, se denomina dícolon (gr. δίκωλον); cuando sale por casualidad, es una mera sinonimia:

“Figura que consiste en usar intencionadamente voces sinónimas o de significación semejante, para amplificar o reforzar la expresión de un concepto”.

Me interesa, no obstante señalar cómo, o bien “ayudar” y “colaborar” se plantean en calidad de sinónimos, o bien aparecen en gradatio, gradación:

“Figura que consiste en juntar en el discurso palabras o frases que, con respecto a su significación, vayan como ascendiendo o descendiendo por grados, de modo que cada una de ellas exprese algo más o menos que la anterior”.

Si son sinónimos, tanto “ayudar” como “colaborar” revisten un mismo significado de manera errónea, ya que el primero de los verbos implica que se emplea un esfuerzo subordinado al principal, mientras que el segundo pone en pie de igualdad uno y otro esfuerzos; si son una gradación, es evidente que la ayuda supone un grado de implicación menor que la colaboración. A tenor de cómo sigue el periodo, parece claro que el orador percibe e intenta transmitir una gradación de intensidad representable con la fórmula siguiente:

“Diputación = ([ayudar + colaborar] + Junta de Andalucía) + (personas necesitadas)”.

Como estrategia de intensificación, me parece que adecuadamente refleja las intenciones del discurso, esto es, que la Diputación trabaja de acuerdo con la Junta de Andalucía, aun cuando el interés principal de la Diputación es la finalidad de la colaboración, no otra que las personas que necesitan que las cosas funcionen bien. De lo cual no se deduce necesariamente que el interés final de las actuaciones sea también favorecer a los ciudadanos…

El problema surge cuando a esta capa de intencionalidad pragmática se le superponen otras de incorrección léxica y gramatical que llevan a crear la sensación de que el orador, o bien no sabe de qué habla, o bien no sabe hablar, o bien no ha sabido diseñar adecuadamente su intervención.
Al fin y al cabo, incorrección léxica es, si se está hablando de una residencia de ancianos, referirse a ellos como “personas necesitadas”, salvo que haya el orador incurrido en un acto fallido y considere que los beneficiarios naturales de tal servicio no son ancianos de cualquier tipo, sino sólo los que sean pobres de solemnidad, pues no otro es el significado de “necesitado”, verbigracia, “que carece de lo necesario para vivir”.

3. Especialmente con las personas necesitadas que tienen de ese servicio
Seamos buenos y pensemos que, en realidad, el Presidente de la Diputación está improvisando. ¿Qué de dónde obtenemos esa idea de la improvisación? Pues del evidente y catastrófico anacoluto en el que incurre. Ese: “especialmente con las personas necesitadas que tienen de ese servicio” recubre, en realidad, tres enunciados posibles que se mezclan como el vuelo de apareamiento de las gaviotas sobre el puerto de Almería. Comparémoslos para entender la génesis de tan curiosa expresión.

“Especialmente con las personas que tienen necesidad de ese servicio”
“Especialmente con las personas que están necesitadas de ese servicio”
“Especialmente con las personas que necesitan ese servicio”

La mezcla de ambas expresiones nos vuelve a hablar de un orador que va sobre la marcha improvisando y que, en realidad, va pensando un par de segundos por detrás de sus palabras. Esto es peligroso desde el momento en el que, para cuando llega el concepto adecuado, ya se han pronunciado palabras en una secuencia sintáctica que no admite fácilmente ser reconducida a los nuevos derroteros del pensamiento del orador.

4. Yo creo que los intereses generales deben de estar por encima de los intereses políticos…
Es error frecuente confundir la construcción de obligación con la de probabilidad o suposición en el caso del verbo deber: deber + infinitivo implica la obligación de algo, mientras que deber de + infinitivo se refiere a su probabilidad. No obstante, se trata de un uso tan extendido que la propia Academia intenta amoldarse a esa realidad cuando dice:

“Con este sentido [i.e. el de obligación], la norma culta rechaza hoy el uso de la preposición de ante el infinitivo”

y, algo más abajo:

“No obstante, con este sentido [i.e. el de probabilidad o suposición], la lengua culta admite también el uso sin preposición”

En otras palabras, que dentro de unos años ya no será un error típico de persona que ignora el correcto uso del español o, en su defecto, su norma culta, sino una mera posibilidad de uso dentro del sistema. Hoy, no obstante, es erróneo y como ignorancia de la norma culta aquí lo traigo.

Un segundo elemento es sutil, muy sutilmente, indicio de una mentalidad que me parece peligrosa o, al menos, cuestionable.
¿De qué habla el Presidente de la Diputación cuando se refiere a los intereses políticos? No es baladí la cuestión desde el momento en el que los intereses políticos a los que alude parecen ser los de cada partido. Obsérvese cómo se sintetiza la expresión, que cambia los intereses de los partidos políticos por los intereses políticos.
Si eso es así, está revelándonos una peligrosa línea discursiva, no otra sino que los partidos políticos se sitúan al margen del interés general o, acaso, en un rumbo aproximadamente paralelo pero no confluyente. No estaría de más recordar cómo empieza el art. 6 de la Constitución de 1978 (¿la Ley?):

“Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política”.

Desde el momento en el que los intereses generales quedan por encima de los intereses políticos, se manifiesta, pues, que los partidos no velan por el interés general, sino sólo por el de sus miembros, lo que los aleja de la expresión de pluralismo y voluntad popular y los convierte en máquinas de representación de intereses no generales.

Sinceramente, no creo que el orador haya querido decirnos que no cree en la democracia representativa y que es parte de un sistema de lobby institucionalizado… Lo que pasa es que no sabe expresar lo que siente o piensa.

5. Pero que la Ley es muy clara…

En su contexto, esta expresión puede estar subordinada al verbo principal y significa que el orador cree dos cosas, a saber, que los intereses generales están encima de los intereses políticos y que la Ley (¿qué Ley?) es muy clara, en cuyo caso, la adversativa pero no deja de ser un uso incorrecto que debería haber sido sustituido por algo más agradable y placentero: la cópula… sintáctica.

Otra opción es que la adversativa pero esté cumpliendo su valor auténtico y, en consecuencia, nos esté diciendo que una cosa es la diferencia entre los intereses generales y los intereses políticos y otra bien distinta el grado de explicitud de la Ley (repito, ¿qué Ley?), lo que lleva nuevamente al resbaladizo territorio de la oposición de la voluntad popular a la voluntad de los populares.

6. Y sabéis que a mí no me tiembla el pulso cuando tengo que irme a un procedimiento judicial y pedir…

En este momento, confieso que mi neurona, la que estaba de guardia, prorrumpió en un alarido de dolor. Unida esta expresión a la anterior, de repente caí en la cuenta de que, en realidad, el orador no estaba manifestándonos una ideología ni un pensamiento, sino una clara admonición: se trabaja por el interés general, los intereses de UN partido están dificultándolo y se puede recurrir a la Ley (¡el Código Penal, la Ley!) para evitarlo.

La técnica subyacente a esa amenaza está clara: no se invoca ningún tipo de normativa ni de tipo penal, sino sólo la existencia de una posible reacción a unas críticas. A buen entendedor, pocas palabras bastan, ¿no?

Me temo que no, porque esto me plantea una duda. La pregunta que me hago es si pedir que se cumpla la Ley constituye en sí mismo una ominosa admonición o un derecho.

Estructura del discurso

Conviene, para entenderla, transcribir el fragmento completo y, al llegar a las declaraciones que me he propuesto analizar como rétor, dividir el discurso del Presidente en partes que más o menos pueden corresponderse con las canónicas de la Retórica.

ENTRADILLA: La nueva Residencia de la Diputación Provincial tendrá un uso para 180 plazas con una superficie total construida de más de 9600 metros cuadrados y un volumen de bajo, tres plantas y sótano. Estará ubicada junto al Pabellón Moisés Ruiz y todo dependerá de la aprobación definitiva del PGOU de la capital, es decir, de la Junta de Andalucía. Ayer, el Presidente de la Diputación presentaba este proyecto de la nueva residencia de ancianos diciendo que no le temblará el pulso de ir a los tribunales.
DECLARACIONES DEL PRESIDENTE DE LA DIPUTACIÓN DE ALMERÍA:
EXORDIO: “Quien tiene las obligaciones de los Servicios Sociales es la Junta de Andalucia, no la Diputación, y lo que está haciendo la Diputación es ayudar y colaborar con la Junta de Andalucia, pero especialmente con las personas necesitadas que tienen de ese servicio.
ARGUMENTACIÓN: Yo creo que los intereses generales deben de estar por encima de los intereses políticos,
CONCLUSIÓN: pero que la Ley es muy clara y sabéis que a mí no me tiembla el pulso cuando tengo que irme a un procedimiento judicial y pedir…”
CIERRE: Izquierda Unida ha afirmado que Gabriel Amat se ha lanzado directamente a constructor.

En la estructura discursiva, observamos que el orador comienza con una clara excusatio (lo que me dicen no me lo digan a mí, sino al responsable de esto) que se combina con una captatio benevolentiæ (nosotros somos leales con la Junta y nos preocupamos por los ciudadanos) a la que sigue una formulación de principios y un intranquilizador anuncio de actuaciones.

El efecto retórico que se consigue es combinar la idea del ellos inoperante (la Junta) con la del nosotros generoso y altruista (cooperamos y nos preocupamos) para llegar, así, a una combinatoria expresada como máxima moral: pese a la actitud de ellos y gracias a los principios de los míos, podemos garantizar la existencia de un valor supremo (el interés general) que está por encima de los intereses políticos (los de ellos, evidentemente). Así, el juego de ida y vuelta del ellos al nosotros se convierte en un juego dialéctico de malos y buenos que permite justificar el auténtico mensaje, a saber, el recurso a los Tribunales de Justicia para que la oposición deje de hablar.

Una conclusión

Parece signo de los tiempos que nuestros responsables políticos crean que hablar consiste en abrir la boca y soltar lo primero que tienen en mente. Eso es un craso error que cometen casi todos en todos los partidos, conste. La improvisación se debe ensayar. Disponen de muy pocos segundos para transmitir eficazmente un mensaje. Confiarlo todo a la facundia lleva a que se digan sinsentidos, los sinsentidos producen el desconcierto y el desconcierto se acaba tomando por desconsideración. Un político que no se toma la molestia de diseñar sus intervenciones me está diciendo que, en realidad, no me respeta lo suficiente como para dedicarme al menos unos minutos de cortesía preparando lo que me quiere decir.

Corolario: nunca crean que se puede salir del paso. No es cierto. Aprendan, ensayen, corrijan y vuelvan a aprender. Lo agradecerán ustedes y se lo agradeceremos quienes les prestemos atención.

¿Comprenden mi escalofrío? Seguro que algún día encontraré al auténtico y legítimo heredero de Marco Tulio Cicerón, pero no era el que estaba hablando en la Cadena SER. Y no me tiembla el pulso al escribirlo.

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