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¿Qué hacer cuando a uno se le acusa de un delito? ¿Es buena idea intentar desviar la atención? En la tormenta del siglo de este año, tenemos muy presente el escándalo de la presunta financiación irregular de los partidos políticos en general, y del Partido Popular en especial. Ojo, presunta.

ImagenAyer mismo, mientras oía a Alfredo Pérez Rubalcaba pedir la dimisión de Mariano Rajoy y, poco después, a Esteban González Pons arremeter contra el primero y recordar que no está el país para que nos entretengamos con calumnias, sino para que nos dediquemos a salir de esta crisis, recordé un texto que leí hace ya tiempo y que durante algunos cursos expliqué a mis estudiantes de Retórica en la Universidad de Almería. En él aparece un modo de defensa que, en honor a quien lo utilizó, denomino el argumento de Escipión. Permítanme que actúe como el filólogo que soy y, antes de hacer la interpretación, les presente dos testimonios. Me reservo un tercer texto porque no apoya mi tesis central, sino las conclusiones.

ImagenEl texto primero está tomado de la nota de prensa difundida por el Partido Popular, en la que aparece este último párrafo:

«Además, el dirigente popular ha acusado a Rubalcaba de “intentar dividir a los españoles una vez más”, y ha respondido al líder del PSOE que “se ha acabado la política del quítate tú que me pongo yo”. “Es el momento de la política grande, del todos unidos contra la crisis”, ha señalado González Pons, quien ha reconocido que “la gente está harta, cansada”».

ImagenEl texto segundo está tomado de Aulo Gelio, un autor no muy conocido (más desconocido que muchos otros, me atreveré a decir) que, con todo, resulta una fuente inagotable de noticias y de temas para reflexionar. Les doy una traducción para que no me motejen de elitista.

Aulo Gelio, Noches áticas 4, 18, 3: «Ya que Marco Nevio, tribuno de la plebe, acusaba al Africano ante el pueblo y sostenía que del rey Antíoco había recibido un soborno para, en nombre del pueblo romano, pactar con él un tratado de paz en condiciones suaves y generosas, y también denunciaba algunos otros delitos indignos de un hombre como él, poco fue lo que entonces adujo Escipión salvo lo que la dignidad y gloria de su vida pedían: “A vuestra memoria –dijo– traigo, romanos, que hoy es el día en el que por mandato vuestro vencí a Aníbal, nuestro peor enemigo, en una enorme batalla en suelo africano y os proporcioné una paz y una victoria inconcebibles. Así pues, no seamos ingratos para con los Dioses y os propongo que dejemos a un lado este nubarrón y vayamos ya a dar gracias al templo de Júpiter Óptimo Máximo”. Y tras haber pronunciado esta alocución, se volvió y emprendió la marcha al Capitolio… »

ImagenImaginen la escena. Escipión, el general en jefe de la batalla de Zama; el vencedor de Aníbal; el vengador de los miles de romanos muertos en Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas; el que, con el enemigo a las puertas, supo alejarlo de los muros mismos de Roma y atraerlo de vuelta a Cartago; el que fue capaz de vencer en una batalla al mayor genio militar de la época. Escipión, al que Roma concedió el honor de añadir a su nombre el de Africano para recuerdo de las generaciones venideras. Está en la cumbre de su prestigio, su poder y su influencia cuando se empiezan a verter acusaciones de sobornos, malversaciones, prevaricaciones… Podría haber tomado otra decisión, pero la suya fue, ante la acusación que se le hacía, recurrir al orgullo y a la cohesión de Roma. No otra es la manera de entender el texto del viejo Aulo Gelio cuando nos dice, aun admitiendo más adelante que bien pudo ser falso el discurso, que Escipión no se defendió de las acusaciones, sino optó por apelar a la memoria, al orgullo y al sentimiento patriótico de los romanos.

No es la única vez que hemos visto en acción este mecanismo, ni siquiera nos resulta extraño. Analicémoslo con algo de detalle para ver cómo funciona. O si funciona.

ImagenEl orador (Escipión) cuenta con un nivel de popularidad máximo cuando derrota a Aníbal, tanto que nadie puede atacar su posición. Pasado un tiempo, la espuma de la victoria y el prestigio van bajando conforme el vencedor va quedándose atrás en el tiempo y lo va sustituyendo el ser humano. La bajada de su imagen hasta niveles más o menos normales permite que aparezcan en la consciencia pública, o bien los indicios de conductas anómalas, o bien las acusaciones de corrupción. Sea por la sospecha, por la acusación o por la certidumbre de que algo ha habido, el buen nombre de Escipión sufre menoscabo. Vuelve a ser una persona y es, en consecuencia, atacable.

En esta situación, el orador debe decidir cómo defender su imagen y buen nombre y decide recuperarlos de una manera bastante desabrida: ni se defiende ni menciona las acusaciones, sólo se limita a señalar un elemento que debería unir a toda Roma (el aniversario de la batalla de Zama) y, mediante la actualización de esa imagen con toda su constelación aneja de sentimientos, propone olvidarse de quienes lo malquieren y dedicarse a lo importante, que es dar gracias a los Dioses por haber contado con él para derrotar a Aníbal.

ImagenSu estrategia de evitar las acusaciones apelando al sentido colectivo no deja de ser una curiosa forma de huída hacia adelante. Al introducir en el proceloso proceso de las acusaciones el patriotismo y negarse a dar cuenta de sus actos, es fácil pensar que más de un romano tomara aquello por arrogancia y, reconozcámoslo, pocas cosas nos fastidian más que tener que vérnoslas con quien nos perdona la vida o nos recuerda constantemente que se la debemos.

El efecto de esta táctica, el argumento de Escipión, puede ser una inmediata oleada de ardor patriótico. Seguro que quienes lo oyeron recordaron; quienes recordaron, suspiraron aliviados; quienes suspiraron aliviados lo acompañaron al templo de Júpiter a dar gracias a los Dioses…

¿Y luego? ¿Cuánto tiempo puede durar ese efecto? Es una emoción intensa y, por lo mismo, pasajera. Es un espejismo que se desvanece cuando desaparece el fervor y reaparecen la desazón, la desconfianza, las ganas de ajustar cuentas. Al volver los ánimos a su estado habitual, los receptores del discurso (el auditorio) pueden seguir oyendo las mismas acusaciones y, ahora sí, sentirse defraudados porque Escipión no les había dado ninguna razón para que creyeran en su inocencia y, al reintegrarse a la vida cotidiana, quienes le habían prestado atención bien podrían pensar que habían sido víctimas de una simple prestidigitación retórica.

En conclusión, el argumento de Escipión sirve sólo como cortina de humo cuando se quiere ganar tiempo, pero es el peor error que se puede cometer si inmediatamente y, en cualquier caso, antes de que desaparezca el humo de los efectos especiales, no lo ha seguido lo que realmente se espera: una explicación.

Posiblemente, es lo que se ve en el texto terceroun artículo aparecido hoy en ABC, del que tomo los cuatro últimos párrafos (en el primero, se dice que no se pueden defender de una acusación diabólica, ya que se les pide que demuestren su inocencia) y añado entre corchetes el argumento principal:

[JUSTIFICACIÓN] Pons ha afirmado que el PP ha hecho todo lo que puede hacer para demostrar su honestidad: una investigación interna, encargo de una auditoría externa, una declaración jurada de los altos cargos y la declaración de Mariano Rajoy. «Nos hemos vuelto totalmente transparentes. Más no se nos puede pedir», ha afirmado.

[AMENAZA] Los abogados del PP estudian ahora medidas legales contra quienes duden de la limpieza de su financiación: «Políticamente, el PP quiere querellarse contra todos. Jurídicamente presentaremos la querella contra quien podamos hacerlo».

[ARGUMENTO DE ESCIPIÓN] Por otro lado, el dirigente popular ha criticado que Rubalcaba pidiera la dimisión del jefe del Gobierno basándose «en informaciones periodísticas y no en indicios judiciales». Para González Pons, el líder socialista se ha comportado «de manera muy cínica en términos políticos» precisamente «en un momento crítico para la historia de España».

[APELACIÓN EMOCIONAL] «El PP es un partido honrado, hecho por gente de clase media. Hay gente que dado la vida por ser lo que hoy es. Es injunsto que se tache al PP de lo que se está tachando por haber ganado las elecciones», ha remachado.

Por cierto, Escipión finalmente se marchó de Roma y murió fuera de ella. Dicen que estaba enfadado con sus compatriotas por haber dudado de él y que no quiso volver a saber nada de ellos…

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