(Viene de Retórica y política (1): somos seres sociales)

Resulta fácil observar la tendencia al alza en la preocupación ciudadana o, visto de otra manera, en la percepción de la clase política y de los partidos como problema relevante para el conjunto de la sociedad. No es una curva ascendente pura, sino un gráfico de dientes de sierra que sitúa sus mínimos en el 8.8% (abril de 2009) y el 8.9 % (enero de 2009), y sus máximos en el 16.8% (febrero de 2010) y el 16.6% (octubre de 2009). Lo curioso del caso es que, si confrontamos ese ítem con el enunciado como “El gobierno, los políticos y los partidos”, vemos que el nivel de preocupación es menor y que los dientes de sierra no tienen la misma evolución. No descartando tampoco que las preguntas tengan un nivel de redundancia para poder controlar si la respuesta se produce porque se entiende bien la cuestión que se plantea, parece que podemos hablar de que la percepción ciudadana tiene un juicio más desfavorable sobre la existencia de una èlite que sobre el hecho de que exista el gobierno, los representantes y los partidos políticos. Parece que sienta mal la idea de que existe un grupo, una clase, ajena al común de la ciudadanía, cosa que permitiría explicar el motivo de que la inmigración se vea como un problema también, y con una relevancia parecida, aunque más continuada.

Se suele achacar la decadencia de la oratoria política a la pérdida de una educación retórica que ya no existe, entendiendo por tal un largo periodo de formación dedicado al entrenamiento en la correcta elaboración, ordenación y formalización del discurso, pero también se dice que en la raíz de todos los males está la institucionalización de una elite política formada sobre todo por economistas, juristas y altos funcionarios, todos los cuales aplican sus conocimientos y terminología sin tener en cuenta las peculiaridades del código del receptor. Esto, de acuerdo con la interpretación al uso, lleva a postular que se hace mayor uso de la facundia que de la elocuencia, lo que provoca la universalización de la verborrea y el alejamiento del orador político y su auditorio.

Antes de hablar de la oratoria política o, más concretamente, a la vez que hablamos de este concepto de oratoria política, deberemos reflejar un hecho que parece bastante claro, a saber, el del desprestigio de los representantes públicos. Así, un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de octubre de 2009, establecía que, en opinión de la sociedad española, entre los problemas más graves estaban el paro, la situación económica, la inmigración, la clase política, el terrorismo o la vivienda. Fue una noticia a la que se le daba harta relevancia en los medios de comunicación, pero que no era nada nuevo, sino una tendencia que venía anunciándose desde atrás. Sólo tenemos que fijarnos en la siguiente tabla, tomada del propio CIS.

Tres problemas. Multirrespuesta.
mar 2010
feb 2010
ene 2010
dic 2009
nov 2009
oct 2009
sep 2009
jul 2009
jun 2009
mayo 2009
abr 2009
mar 2009
feb 2009
ene 2009
El paro
 82.9
 81.8
 82.7
 79.0
 78.4
 73.0
 76.4
 74.3
 73.7
 77.3
 75.7
 76.1
 75.2
 75.3
La inseguridad ciudadana
 9.2
 8.4
 8.1
 11.8
 11.4
 9.9
 12.8
 10.3
 12.6
 11.4
 11.1
 13.1
 11.0
 11.7
El terrorismo. ETA
 11.1
 12.5
 17.6
 12.9
 13.1
 12.6
 18.3
 19.1
 13.6
 15.5
 16.0
 19.4
 20.6
 22.2
La sanidad
 4.1
 4.3
 3.7
 4.8
 5.6
 4.8
 4.9
 4.1
 3.8
 4.1
 4.8
 5.3
 4.7
 4.5
La vivienda
 7.9
 7.1
 9.4
 8.5
 10.3
 7.6
 10.1
 10.5
 11.6
 13.0
 13.1
 11.3
 11.6
 13.5
Los problemas de índole económica
 45.3
 47.8
 47.0
 47.0
 45.9
 46.8
 48.4
 48.5
 48.3
 48.7
 54.1
 52.0
 54.4
 51.9
La corrupción y el fraude
 3.2
 2.8
 2.9
 3.9
 10.4
 5.2
 1.4
 1.6
 1.9
 1.9
 1.3
 2.2
 1.2
 0.4
La clase polírica , los partidos políticos
 15.8
 16.8
 14.9
 13.6
 16.6
 13.3
 12.0
 10.8
 12.9
 10.1
 8.8
 10.0
 9.3
 8.9
La inmigración
 13.5
 16.5
 16.6
 12.4
 13.7
 15.1
 14.3
 18.3
 16.6
 16.3
 16.1
 14.4
 16.6
 19.3
El gobierno, los políticos y los partidos
 5.8
 5.9
 4.4
 4.7
 3.6
 5.0
 4.5
 4.1
 3.0
 3.8
 4.9
 3.5
 3.9
 3.3

Un vistazo a las opiniones vertidas sobre la tarea del gobierno y la oposición y, en general, sobre la gestión de unos y otros nos permite ver que, efectivamente, existe la percepción de que nadie funciona bien.

Parece, pues, que cuando hablamos de Retórica y Política en nuestros días debemos forzosamente centrarnos en cómo se percibe la Política en el entorno de la sociedad, ya que no se trata de hacer una reflexión filosófica de índole genérica, sino de centrarnos en el aquí y el ahora para intentar analizar qué hay y de dónde viene. Desde luego, no es una percepción nueva si la contemplamos con una perspectiva histórica, pero sí que supone un cambio notable con referencia al espíritu cívico que propició en España la transición hacia la Democracia.

Cito la Transición porque creo que nos puede venir bien como marco de referencia para los objetivos que marco. Los modelos de análisis de ese periodo se distribuyen grosso modo entre la concepción de un proceso dirigido por una élite post-franquista que consiguió incorporar a la izquierda republicana en torno a la figura posibilista de una Monarquía parlamentaria y la concepción de un movimiento social que canalizó, absorbió y procesó las distintas tendencias posibles para refrendar las decisiones que se iban tomando en los círculos del poder. Si nos paramos a verlo, la primera gama de interpretaciones nos habla de la capacidad de un grupo reducido para dirigir la evolución de una sociedad; la segunda se refiere a cómo el pueblo se articula en torno a unos ideales que se transmiten en vertical y en horizontal.

En cualquier caso, parece bastante claro que se produjo una confluencia entre las figuras que ejercían una persuasión y un auditorio que aceptaba, asimilaba, filtraba y compartía los límites de esa persuasión. La correcta delimitación del máximo de tolerancia del auditorio era un factor a tener en cuenta a la hora de lanzar propuestas; la confianza en la capacidad de interlocutores y representantes para hacerse eco de las inquietudes de los distintos sectores sociales y políticos permitió un avance moderado hacia un sistema perfectible pero, en términos generales, más o menos aceptable para la mayoría.

Con todos sus altibajos y problemas, siempre hubo un margen para la convergencia.

Mañana, más.

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