Cuando se me pide que diga algo de las relaciones de Retórica y Política, debo confesar mis dificultades para abordar la tarea o, más concretamente, para poder deslindar dos elementos que son, simplemente, indesligables. El ser humano, como ser social, se distingue gracias al uso de la palabra, que le permite resolver los conflictos mediante interacciones sociales, un mecanismo de preservación de la especie mucho más eficaz que la violencia. La palabra, pues, nos articula como grupo al permitirnos identificar un objetivo común o una amenaza común y al establecer, así, una serie de tareas de procesamiento basadas en informaciones relevantes. La articulación del grupo mediante la palabra es, pues, la manera de crear sociedad o, si volvemos a los griegos, como siempre se debe hacer, la manera de crear una πὀλις por recurso a la πολιτική τέχνη.

Retórica y Política son τέχναι, compendio de técnicas aplicadas a la consecución de un objetivo, saberes que comparten una misma tarea de trabajar con personas. Pero también son, cada una a su manera, ciencias, conjunto de reflexiones que, con un ojo puesto en la ἐμπειρία y la πράξις, permiten elaborar un modelo explicativo del funcionamiento de nuestro mundo. Retórica y Política van tan de la mano que el descrédito de una acarrea el de la otra, pero también la recuperación de la una mejora la estimación de la otra. ¿Cómo ocurre esto?

Seguimos con el espejismo del poder psicagógico de la palabra, la que arrastra las almas. Si la palabra cambia a las personas, la consciencia de su uso provoca rechazo en el auditorio y seguridad o sensación de poder en el orador. No confundamos la herramienta y sus usos. No es magia negra, ni vudú, ni su uso puede exhibirse como justificación de su prohibición. En la actualidad, se dice que la oratoria política está en decadencia porque la política también lo está, o se utiliza para demostrar que, si la oratoria política está de capa caída, es por culpa de la propia decadencia de la política. Quizá se pueda pensar en un esquema de motivos y consecuencias bastante habitual en los análisis catastrofistas.

Mañana, más.