…son muchos los arbitristas de la Ortografía que acuden a esta Institución o salen a la palestra, con mejor intención que acierto, pidiendo u ofreciendo radicales soluciones a los problemas ortográficos o cebándose con fáciles diatribas en el sistema establecido. Entre esas personas bienintencionadas ni siquiera han faltado académicos que hayan presentado propuestas simplificadoras en los congresos de la Asociación de Academias… (Ortografía, 1999, p.6)

Debería escandalizarme, y hacerme cruces, y anunciar el fin de los tiempos con la próxima venida del Anticristo, pero no, no voy a hacer nada de eso. Por mucho que me lo pida el cuerpo, me lo tomaré a chacota. Y es que la cosa tiene guasa: leo en todas partes que las Academias de la Lengua Española de todo el mundo mundial han llegado a una desición trascendente, universal y, fruto de los tiempos, perfectamente consensuada en aras de la tranquilidad transatlántica: una nueva Ortografía, así, con una mayúscula del tamaño del emirato de Qatar.

Está claro. El problema es acuciante, y va a servir para luchar contra la crisis económica. ¿Que no? Díganme, pues, a qué obedece publicar una nueva Ortografía en el año 2011 cuando hubo una en 1999. Mala debe de ser la financiación de las Academias cuando recurren al viejo truco del Catedrático que escribe un manual, lo convierte en libro de texto obligatorio y le introduce tres cambios cada año, cambios que van a caer como pregunta de examen, para hincharse a vender ejemplares. El pobre, tiene que pagar la hipoteca y el sueldo no le llega.

Alguien ha matado a alguien...La verdad sea dicha, no le veo a todo esto otro motivo razonable sino la necesidad de sanear arcas, equilibrar presupuestos y dar un golpe de mano que demuestre que las Academias saben de dónde nos viene la crisis y no van a dejar que escapen indemnes, impunes, inconfesos e irredentos los que nos han metido de bruces en este berenjenal. ¿Una pista? Proponen dejar de hablar de y griega. Griega. ¿Lo ven? ¡Griega!

Y ahora, en broma me expresaré, que broma y no otra cosa se me antoja la nueva periodística de que los próceres de la nuestra común lengua han acordado de conforme asenso hacer mudanza del uso de letras por afán de ameliorar la dificultad de los escribientes ante el cálamo, fiados en que de aquesta guisa se han de trovar poetas do solo vulgo oviere.

Leo en El País que, de acuerdo con el coordinador de la nueva Ortografía, ésta se basa en: “El uso, las autoridades (es decir, la literatura), la evolución de la lengua y la coherencia gramatical“. Debiera yo comentar muchas cosas, pero hay dos que me han llamado especialmente la atención, y no negaré que ello se debe a que, cuando las obligaciones académicas me dejan, sigo siendo un profesor de Clásicas. ¿Lo adivinan? Sí, eso mismo. Me apetece escribir un poco del quorum (la cruzada contra la qu, si lo prefieren) y de la y griega… Perdón, de la ye. Cuando más leo, menos lo veo, y cuanto menos lo veo menos me lo creo. Serán cosas de la edad.

Dice el coordinador (y no es cosa de ponerse a discutir con un Catedrático de Lingüística General por un quítame allí esas pajas) que la y griega se usa sobre todo como consonante (“rayo”, apostilla el periodista para que lo entendamos), ergo no tiene sentido darle otro nombre a la letra que el de ye. Evidentemente, es un nombre que siempre hemos usado, que no nos resulta ajeno y que viene refrendado por el fenómeno del yeísmo, del que tanto sabemos los nacidos en Jaén, añado yo. Tiene lógica esto si (y sólo si) se admite que la y de palabras como hoy, voy, estoy, caray, Uruguay o Paraguay es otra, o sea, la vocal, o sea, la i, que ya no es latina, sino i a secas. Pues, si es cuestión de coherencia, la Ortografía tendrá sentido cuando actúe de forma consecuente y condene (así se expresa en la entrevista, no me lo invento) como error terminar con una ye esas palabras. ¡Cómo se alegrarán grandes mesnadas de estudiantes y correctores de estilo cuando se les anime a no quebrarse la cabeza y decretar válidas las formas Paraguai, Uruguai, carai, estoi, voi, hoi!

¡Dioses, qué hermosa simplicidad la de una simplicísima Ortografía para mentes simples! ¡Hagámoslo, sí, sí, sí! Let’s do it, yeah, yeah, yeah!

Si la letra y el sonido guardan tan estrecha relación, sean coherentes los Académicos, eliminen la distinción de b y v; unifiquen c y z; decreten el ucase contra la h; universalicen el uso de la j y llámenla ge. ¿Ge? Sí, porque representa mejor la pronunciación velar sorda y, mejor todavía, porque así contribuyen a limpiar los establos de Augías, a fijar con un buen aerosol el peinado de la escritura y a darle una buena pátina de esplendor a la oscura tiniebla de los años de aprendizaje de la Ortografía. Y, de camino, y aprovechando que el Pisuerga no pasa por León, aniquilan otra denominación griega, verbigracia, la iota, que a ver para qué queremos tanto grieguecillo estorbando por las sendas de nuestro alfabeto, caramba. Ya puestos, asuman también las sugerencias de Álvaro Ortolá y manden y ordenen hablar de:

F: fe en vez de “efe” (este nombre colisiona con la agencia de información).
H: he en vez de “hache” (este nombre es el masculino de la “hacha”, como “presidenta” lo es de “presidente”, ¿verdad?).
J: je en vez de “jota” (este nombre colisiona con el de un baile popular).
K: ke en vez de “ka” (este nombre colisiona con un modelo coche).
L: le en vez de “ele” (este nombre colisiona con una expresión popular andaluza).
M: me en vez de eme (este nombre es demasiado infantil).
N: ne en vez de ene (igual que el anterior).
Q: qe en vez de qu (que por cierto, ya que estamos ELIMINEMOS LA “U” que no sirve para nada).
R: re en vez de erre (donde uno no sabe si hay que hacerla simple o múltiple).
S: se en vez de ese (que colisiona con un demostrativo, que ya no habrá que acentuar, y no sabremos cuándo usarlo como determinante o como pronombre).
V: ve en vez de uve (que es el masculino de la uva).
X: xe en vez de equis (que reservaremos para las películas porno).
Z: ze en vez de zeta o zeda (que suena igual que el subjuntivo exhorativo de “ceda” el paso).

Vaya, y ahora que lo pienso, veo que el uso de la notación entonativa nos pide a gritos otra reforma. Para qué abrir y cerrar interrogaciones? Abajo las exclamaciones! Así, daremos un nuevo paso hacia la creación de la panlengua. Sigamos el patrón más usado y, en siguiéndolo, simplifiquemos. Sigamos la norma del inglés, que para eso está de moda. No nos resistamos. Seamos simples.

¡Dioses, qué hermosa simplicidad la de una simplicísima Ortografía para mentes simples! ¡Hagámoslo, sí, sí, sí! Let’s do it, yeah, yeah, yeah!

Pero no nos vayamos por los zerros de Úveda (así, escrito con coherencia gramatical, tengo el honor de adelantarme a la gran propuesta panhispánica de, digamos, el año 2017), que todavía mantenemos el quórum de los asistentes y no han hecho mutis por el foro para poner la CÑÑ y ser convenientemente desinformados de lo que pasa en Irac. ¡Ah, la velar sorda, esa gran desconocida, cuántas injusticias se han cometido en su nombre! La madre del cordero está en esa molesta costumbre de usar una qu-, cuando todos sabemos que:

Aunque no siempre lo fue, como recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/: “En nuestro sistema de escritura, la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas”. De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior? Deberá hacerlo como si se tratase de “extranjerismos crudos”: quorum, en cursiva y sin tilde.

Vale, pues seamos coherentes y aceptemos que, como cantaba Serrat: “Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio“. La q,

la k y la c (ante a, o, u) son lo mismo; la c ante e y ante i, es lo mismo que la z en cualquier caso. ¡Venga, esas palmas! ¡Que no se os oye! ¡Marchemos todos por la senda de la coherencia, y las Academias las primeras! Propongamos escribir todas las velares sordas con c, así (pronúnciese siempre con /k/): cuórum, Irac, cuando, cilo, cien… y dejemos lo demás para la z, así: zielo, ozéano, cazo

¡Dioses, qué hermosa simplicidad la de una simplicísima Ortografía para mentes simples! ¡Hagámoslo, sí, sí, sí! Let’s do it, yeah, yeah, yeah!

En realidad, es la coherencia lo que buscamos, ¿no? El uso y la etimología, que eran los criterios rectores de la Ortografía de 1999 (¡cómo pasa el tiempo, Dioses, si parece que la norma fuera del siglo pasado!) deben morir para que la concordia atlántica unifique las discusiones de la Academia. Al fin y al cabo, a nadie le importa que la qu– de quorum, quien o que sea una consonante única, llamada labiovelar. Venga ya. ¡Arriba la pretermodernidad! ¡Vivan el uso, el consenso y la paz lingüística! Seamos valientes. Sean valientes, Académicos de aquende y allende la mar océana. Todavía están a tiempo de ser coherentes y proponer lo que realmente piensan pero todavía no tienen arrestos para proponer: kuórum, ke, kien… Todo con k, y así terminaremos de discutir si está bien o mal hablar de okupas, o de kultura, o de bakalao.

¡Dioses, qué hermosa simplicidad la de una simplicísima Ortografía para mentes simples! ¡Hagámoslo, sí, sí, sí! Let’s do it, yeah, yeah, yeah!

Una sola Ortografía, una sola lengua, una sola voluntad manifiesta y unidad de destino en lo universal. Cuando veo estas cosas, sólo puedo decir que estoy de acuerdo con un académico, Arturo Pérez Reverte, cuando escribió en su Twitter:

Siga usted escribiendo Qatar e y griega con otros miles más (yo lo haré) y verá como las academias se lo piensan.

Todavía quedan esperanzas.

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