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chameleon_logo El día tres de septiembre, recibimos todos una noticia de las que duelen: Ana María Aldama, profesora de Filología Latina en la Universidad Complutense de Madrid, había muerto.

En el Congreso de la SELat, en Baeza a finales de mayo, la pregunta era: ¿cuándo llega Ana? Era una persona de las que se hacen querer por su capacidad para conectar y comunicarse con los demás. La respuesta a aquella pregunta, la de su enfermedad, nos dejó anonadados.

Quise pensar que, como reza el lema de la Sociedad de Estudios Latinos, en su caso se cumpliría lo de Post Nubila Clarior (“Tras los nubarrones, más claro”) y volveríamos a disfrutar de su buen carácter, y a compartir fotos de nuestros respectivos familiares, y a charlar de cualquier cosa, Filología Latina incluida. Pero no fue así.

Ahora, el vacío que nos deja a todos es irremplazable. No quiero hacer una glosa de sus publicaciones, ni de su actividad fundando nuestra Sociedad, ni de nada oficial. Sólo quiero dedicarle un último mensaje con las palabras de Catulo III, 13-14:

At vobis male sit, malae tenebrae

Orci, quae omnia bella devoratis.

Descansa, amiga.

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