Etiquetas

Hace ya unos días que el Diario Huelva Información publicó algo que no puede sino hacernos abrir los ojos como platos. Cito el titular, porque todo lo demás viene por sí mismo: El CSIC inicia las primeras catas arqueológicas de la Atlántida.

Dice el periodista que: “El área de actuación está en el ángulo Sur de la confluencia del Guadiamar y la Madre” o, más concretamente: “la zona del ‘Pacil del Mal Tiempo’ y ‘Cardales’, a lo largo del ángulo sur que se forma por la confluencia del río Guadiamar con la denominada Madre”. Una pequeña incursión en Google Maps nos da esta panorámica de la zona.

Lo primero que llama la atención de la noticia es que el periodista no se plantee una duda inicial, a saber: ¿realmente se puede buscar la Atlántida? Esta pregunta corresponde al famoso "what?” de las wh- questions, propias de la profesión periodística. Lo primero que se necesita, ante una posible noticia, es pararse a pensar si lo que se plantea tiene sentido o, dicho de manera más sintética, decidir qué es lo que se va a contar.

Buscar la Atlántida… La historia de este reino es fabulosa, pero no en su sentido más estricto y académico, sino en otro más etimológico: fābŭlōsus es lo que aparece en una fābŭla. Y así es: sabemos que las primeras menciones de la Atlántida están en dos diálogos de Platón, Timeo y Critias. En ellos, se nos cuenta una historia que, por lo visto, Critias oye de labios de su abuelo, que la oyó de Solón, que la oyó de unos sacerdotes egipcios. Y nos cuentan cómo los atenienses detuvieron el avance de los atlantes unos nueve mil años antes de que el propio Solón viviera…

¡Eh, alto ahí! ¿Nueve mil años antes de Solón? ¿Entre el 9638 y el 9558 aC.? Eso viene a ser en época de los sumerios, cuando estaba en pie el asentamiento de Kermanshah y cuando todavía faltan así como siete u ocho mil años para que Troya caiga.

Nueve mil años antes de Solón… ¿Tan necio creemos al pobre Platón como para tragarse eso sin pestañear y repetirlo poniéndolo en boca de su amado maestro Sócrates? ¿No nos damos cuenta de que algo así se enuncia de esa manera para que no nos lo creamos?

Cuando Platón habla de ese mítico reino de los atlantes, conscientemente utiliza recursos que nos van indicando que no debemos mirar la superficie del relato, sino que está inventando un no lugar, una utopía, en la que va a colocar una fábula moral. El valor narrativo de esos no-lugares es, precisamente, su capacidad para evocar un espacio geográfico y cronológico ficticio en el que se puede hacer figurar cualquier tipo de organización social, política, económica, o del tipo que sea, sin tener que preocuparse por que alguien llegue y se ponga a buscarla. Es el mecanismo que también va a seguir Tomás Moro (el inventor del término) y, a su estela, toda una tradición de escritores utópicos y antiutópicos hasta nuestros días.

No parece, pues, razonable que estemos ante la búsqueda de la Atlántida. A menos, claro está, que también haya equipos de investigación dispuestos a desentrañar el misterio de los gamusinos. Todo puede ser. Al fin y al cabo, existen los tréboles de cuatro hojas. El what, en definitiva, se nos queda fuera de juego.

En serio ahora. Vamos con el who, el quién. Estamos hablando del trabajo de dos arqueólogos, Sebastián Celestino Pérez y Juan José Villarías, que no son aficionados entusiastas y advenedizos como el investigador alemán Rainer Kühne, físico de formación y arqueólogo de salón. En concreto, Sebastián Celestino se ha dedicado bastante al estudio de la arqueología fenicia y a Cancho Roano, un yacimiento arqueológico del que se considera que es el conjunto tarteso mejor conservado de la Península Ibérica. Puede verse una interesante presentación multimedia elaborada por el CSIC y que nos ayuda a entender ya mejor de qué estamos hablando.

Faltaría un why, un ¿por qué? O sea, a santo de qué pueden dos arqueólogos serios decir que van a buscar la Atlántida. Comparto la opinión que me transmitía esta mañana un buen amigo:: o no se han enterado los que han escrito la noticia, o han oído un comentario jocoso y, sacándolo de su contexto, lo han convertido en titular de prensa, a ver si así cuela y aparece publicado. Estamos (estábamos) en agosto, y cualquier cosa puede servir para rellenar páginas.

Pero todo buen periodista debe hacerse unas preguntas básicas y debe contrastar las fuentes y la fiabilidad de la información que va a transmitir. Si quiere hacer un chiste, es asunto suyo, pero no debería prestarse a difundir la mentalidad de que los de Letras somos una pandilla de grillados. No era tan difícil. Podría haber redactado su artículo sin perder demasiado tiempo ni tampoco necesitar demasiadas fuentes de información.

A modo de prueba, he redactado esta entrada del blog sin más búsquedas que la omnipresente Wikipedia y un pequeño sondeo para saber qué hay de Sebastián Celestino Pérez y de Juan José Villarías en Google. Y, para aderezarlo con alguna imagen, he ido a esta entrada de un blog llamado No es poca cosa.

Tiempo de composición: poco más de una hora.

Fiabilidad de la información: mucho mayor que la crónica del periódico.

Anuncios