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Biko, un niño pobre, está harto de su vida. Cuando le preguntan quién es, no sabe responder. Se le aparece un misterioso personaje que lo anima a convertirse en antihéroe y salir a buscar su destino. Junto a una amiga excepcionalmente rápida y un amigo músico y con acento eslavo, emprende viaje en busca de un tesoro que le proporcione la vida que considera merecerse.

En su periplo, llegan a una isla habitada por mujeres que expulsaron a los varones para no ser esclavas de ellos. Al principio, quiere atacar a una mujer que ven allí, pero su amiga lo convence para que cambie de conducta aduciendo que los hombres no deben agredir a las mujeres… justo lo que el padre de ella hace con la madre. Biko acepta y recibe un pañuelo para que recuerde la lección

En la siguiente etapa del viaje, llegan a una isla a cuyos habitantes no reconocen pese a haber estado antes allí y haber sido tratados a cuerpo de rey. Biko saca una pistola. Su amigo intenta convencerlo para que no haga como hicieron con su familia unos paramilitares que asesinaron a su madre y quemaron su granja.

En vano. Biko se asusta cuando oye un ruido en medio de la noche, dispara a ciegas y alcanza a alguien que luego reconoce como su huésped. No hay problemas: sólo era un desmayo. El huésped le entrega una flor para que recuerde que las guerras siempre don malas.

Finalmente, llegan a un país cuyo Rey les dice que no les puede entregar el tesoro porque se quedarían sus súbditos sin cultura, riqueza ni trabajo. Biko prefiere pensar en sí mismo y, aliado con la hija del Rey, supera tres pruebas que le permiten hacerse con el premio.

Comprende que no puede robarles a los demás lo que a él le falta y devuelve el tesoro a su dueño antes de poner proa a casa. Allí, cuando le pregunta el personaje misterioso qué ha aprendido y qué ha conseguido, responde que a no pegar a las mujeres, a luchar contra las guerras y a respetar a todas las culturas. Así, en vez de ser un granujilla egoísta, un antihéroe, alcanza el rango de héroe auténtico.

La pieza, destinada al público infantil, se representó ayer en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. El texto era internamente consistente, la interpretación tenía un nivel aceptable y la ambientación escenográfica (en un vertedero de basura), interesante. Me parece, eso sí, que rezumaba por todos los renglones moralina, mucha moralina, demasiada moralina. El adoctrinamiento católico que tuvimos con el Catecismo era, para que nos entendamos, más discreto y velado.

¡Ah, el título! Se me olvidaba, gracias. La pieza se llama JASÓN Y LOS ARGONAUTAS…

Sí, eso mismo. Yo también lo pienso. Se ha producido una inversión / perversión del mito: usan la anécdota y la superficie de los personajes para despreciar el mensaje de la Antigüedad. Biko es un “antihéroe” como Jasón, le dice Argos, el misterioso personaje; su amigo Vasil adopta el papel de un Orfeo eslavo; aparece una mujer lemnia; son agasajados por Cícico; le roba el vellocino de oro a Eetes con la ayuda de Medea…

Pero, ¿qué tiene esto de la historia de Jasón que no sea la cascarilla? Aquí se nota un texto doctrinal en el que el mito entra a la fuerza, al precio que sea y recortando lo que haga falta. El mito original es tratado como un viajero en el lecho de Procrusto: amputa lo que sobre hasta que el cuerpo del desdichado peregrino tenga las dimensiones de la cama.

Pues para ese viaje no hacen falta alforjas. Si querían hacer catecismo, podían haber dejado tranquila la epopeya de Jasón y los Argonautas. Si querían justificar el contrato en un festival de teatro clásico, podían haber hecho otra cosa. Si querían respetar nuestra herencia grecorromana, mejor se hubieran estado quietos.

Biko ha aprendido que no se puede robar la cultura de un pueblo, pero eso no lo ha entendido quien perpetró este desdichado montaje. Ese Jasón, motejado hasta tres veces de “antihéroe”, privó a mis hijos de entrar en contacto con un mito antiguo que iba siendo relatado a ratos por una voz de GPS en off.

Ese Jasón no se justifica por el valor propedéutico de un texto que demuestra no entender que nos está robando nuestra cultura cuando ataca de esa manera tan políticamente correcta el viaje del mayor grupo de héroes que hubo antes de la Guerra de Troya.

Para mí, fue decepcionante e irritante ver un atraco a mano armada a golpe de manual de buena conducta. Cada cosa en su sitio. Este mito no sirve como material didáctico de Educación para la Ciudadanía, por mucho que lo intenten.

Me niego a valorar una obra porque llegue preñada de buenas intenciones, que son las que llenan los cementerios. Si ESO es mantener viva la cultura clásica, sólo puedo desearle al mundo que amo y defiendo con todos mis recursos y fuerzas una muerte honorable. Lo de ayer, fue un asesinato en el transcurso de una riña callejera.

Por primera vez en muchos años, no aplaudí en el teatro y me volví a la habitación enfadado con lo que había visto. Me temo que fui el único.

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