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Leo en el blog de la revista Mercado una interesante recopilación de referencias comerciales con alusiones clásicas. Reproduzco las más curiosas (ya conocía alguna que otra), junto con algún comentario mío.

Aspirina: La sílaba “spir” indica la presencia del ácido salicílico, derivado de la familia botánica “Spiraea”. El acetil aportó el prefijo “A” y el sufijo “in” creó una palabra que pudiera deletrearse de la misma manera en alemán y en inglés. Ocurrió en el año 1898.

Audi: Audi procede de la traducción del apellido alemán de August Horch, diseñador de coches, al latín, con el significado de “escucha”. Con este nombre se denomina a un excelente vino de El Penedés por cuyos viñedos cruza la famosa Via Augusta.

Helios: Helios comenzó su actividad como una empresa familiar que fabricaba cabello de ángel de manera artesanal. Posteriormente ampliaron su oferta a toda clase de dulces y mermeladas, frutas confitadas y dulce de membrillo. El primer establecimiento se llamó El Sol. En 1936, cambiaron su denominación por la de Helios, la acepción griega de “sol”.

Nike: Nike es la diosa de la Victoria en la cultura clásica griega. Es el caso de la empresa española que registró esta marca en 1932 y empezó a fabricar sus famosos “nikis”. En 1972, Phil Knight y Bill Bowerman fundaban la empresa Nike americana.

Sony: El presidente de la compañía, Akio Morita, creó este nombre en 1946 basándose en la palabra latina “sonus” (sonido) y en la canción “Sonny boy”

Vaselina: Robert Chesebrough, químico oriundo de Brooklyn, fue el creador en 1870 de esta gelatina que curaba todas las lesiones. Le dió a este invento el nombre de Vaselina, derivado de la palabra alemana Wasser (agua) y del griego “elaion” (aceite de oliva).

Una cosa que no mencionan es el fenómeno cada vez más frecuente de la latinización de los nombres comerciales e institucionales: Becas Talentia (para estudiantes andaluces de Postgrado), Toyota Lexus (signifique lo que signifique, ese -us es indicativo), los compuestos pseudo-químicos de limpieza, belleza o higiene íntima terminados en los sufijos -ax (AJAX, el limpiador), -ix (ATRIX, la crema de manos), -ox (BOOTOX, o como se escriba, la perpetua sonrisa de los millonarios talluditos)…

Ahora bien, mi pregunta es: ¿por qué lo hacen? Si se supone que los de Clásicas somos especies en vías de extinción y que cada vez menos gente se interesa por estos asuntos, ¿cómo es que cada vez más marcas recurren a términos pseudo-griegos o cripto-latinos?

Una explicación posible es que, por ser lenguas en desuso, sus vocablos sí se pueden convertir en marcas comerciales, cosa que no ocurre con las lenguas actualmente habladas. Vale.

Otra explicación es que, conforme disminuye el número de helenistas y latinistas, van dejando un campo cada vez más amplio y despejado para la reincorporación de sus saberes al universo de los derechos de autor. Si ésta es cierta, no pienso llevarla hasta el extremo.

Si, a menos gente de Clásicas, más uso de esa parte de la Filología Clásica… ¡No pienso hacerme el harakiri!

¿Se te ocurren más marcas, compuestos o elementos similares? Envíalos como comentario de esta entrada, por favor.

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