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Este año, voy a probar con mis estudiantes de Latín de Filología Hispánica algo parecido a una metodología activa. La idea es que, antes de trabajar con un texto, dediquemos una clase (o parte de ella) a hacer prácticas de conversación en las que intentaré hacer aparecer los términos y estructuras sintácticas más relevantes del texto en cuestión. Terminada esa práctica, deberíamos estar en condiciones de acercarnos al comentario y traducción de manera diferente. Me falta ver cómo evaluar correctamente esa parte previa al texto literario.

El fundamento de esta experiencia es que, al menos en el nivel universitario, creo en la necesidad de que los estudiantes entren en contacto con los textos de manera productiva, lo que significa que no deberíamos estar obsesionados por el diccionario, las gramáticas y los análisis morfo-sintácticos, sino primero dominar la cuestión y, luego, pasar a la tarea filológica.

Veremos hasta qué nivel somos capaces de llegar.

Agradeceré consejos, sugerencias, críticas…