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Leo en El País que un grupo que se autodenomina Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, presidido por Rafaela Pastor, ha lanzado una de esas cíclicas campañas contra la gramática de nuestra lengua. Ahora, dan un paso más y, según la noticia:

Coincidiendo con la presentación de la campaña por la erradicación del lenguaje sexista, Pastor reclamó que esta institución también contemple la paridad como criterio para la elección de los académicos. Lo que persigue esta asociación es eliminar de la lengua los rasgos sexistas y que las mujeres estén también suficientemente representadas en la academia es una forma de lograrlo.

Según el razonamiento de esta plataforma, “el lenguaje está construido desde un sistema social patriarcal y, por tanto, injusto y desequilibrado”. “Ya no se aguanta recurrir al razonamiento de que algo no es correcto gramaticalmente para negar un lenguaje no sexista apoyándose en los patrones que marcan lenguas clásicas como el latín”, afirmó Pastor. Según esta plataforma, el latín se forjó en una “época en la que las mujeres” eran tratadas “como esclavas y eran los hombres los que decidían y concentraban todo el poder”. Por ello, el latín “nos supone un lastre, ya que validamos nuestra sociedad mirando siempre a un pasado en el que no se ha tenido en cuenta a más de la mitad de la humanidad, que somos las mujeres.

Hay un comentario interesante en la web de Barrapunto.com (por no hablar del artículo que le dedicó D. Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal), aunque menos que las tonterías que sueltan algunos de los que comentan el comentario de la noticia. Merece la pena echarle un vistazo y decidir si reir, cabrearse o dedicarse a la cría de mejillones en cautividad.

La señora Pastor, que es persona digna de admiración por sus actuaciones previas, en este caso se conduce como una persona a la que la cultura le resulta, no ya ajena, sino incómoda. No es un lastre el latín para las mujeres (que yo sepa). Más bien, ella es el lastre para quienes queremos conocer nuestro pasado. ¿Qué será lo siguiente? ¿Negar la filiación indoeuropea de nuestro idioma porque, al fin y al cabo, los libros védicos están pensados para sacerdotes, no para sacerdotisas?

De verdad, y lo digo como alguien reconocido por el Instituto Andaluz de la Mujer, creo que estas declaraciones sólo consiguen desvirtuar la esencia del movimiento feminista y, al catapultarlo a años luz de la realidad, centrar el debate en el sexo de los ángeles, cuando de lo que hay que ocuparse es de la intervención sobre la realidad misma y sobre la búsqueda de la igualdad. El dativo no es una herramienta de opresión femenina; es una herramienta de comunicación. Y quien niega la comunicación, se acerca al totalitarismo más feroz, sectario e inoportuno.

Y eso que el latín distingue y asigna géneros mejor y más apropiadamente que el castellano…