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Departamento de Filología Latina – El Profesor Juan Gil Fernández, Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense

Ayer, 28 de enero, asistí a la ceremonia de nombramiento del Doctorado Honoris Causa de Juan Gil Fernández, inserta en un acto formal de investidura de nuevos Doctores de la Universidad Complutense. Así como su padrino, Tomás González Rolán, hizo una laudatio conforme a los cánones clásicos para glosar la figura del nuevo Doctor, el profesor Gil dedicó su intervención (iniciada con una cita de Horacio y cerrada con una adaptación de Mimnermo) a, entre otras cosas, defender el mester de la Filología y el papel de las Humanidades (“son ciclos” -decía- “y en este ciclo, las Humanidades cotizan a la baja”, afirmación tanto más interesante cuanto que fue pronunciada ante el Rector, que es un Economista) y la vocación del filólogo por buscar, no la vida de la fama, sino el camino de la sabiduría.

En su defensa del valor de la Filología, contó cómo la disputa por los límites territoriales de Francia y España se saldó a golpe de autoridad. No pensemos mal, a golpe de cita de autores clásicos que, con sus testimonios, ayudaban a defender la postura de unos y de otros. También habló de cómo la Sabiduría filológica parece que anduvo algo despistada (errare humanum est) en el caso de quien, a lo que daba a entender, confundió una lectura en un texto e hizo del pelo liso de los aborígenes americanos que conoció Colón un pelo dulce. En uno y otro casos, el filólogo tiene una aportación que hacerle al conocimiento. Incluso a la política.

A la ceremonia acudimos profesorado de gran parte de las Universidades españolas, y luego pudimos disfrutar de una cena en homenaje del investido en un restaurante madrileño. Sólo con ver a sus discípulos, ya se entiende al maestro.

Reproduzco a continuación una semblanza biográfica tomada de la web del Departamento de Filología Latina de la Complutense:

El Profesor Juan Gil Fernández, que cursó sus estudios de Licenciatura y fue luego Profesor Agregado por oposición en la Universidad Complutense entre los años 1967 y 1971, ha mantenido una permanente vinculación con esta institución, pues entre, otras actividades, es miembro del Consejo asesor de la revista complutense Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos, designado a propuesta de muchos de los profesores del Departamento  (catedráticos y titulares) que fueron sus discípulos.

Su personalidad académica queda refrendada por sus muchos años de docencia en la Universidad española (en la Complutense de Madrid y en la de Sevilla), al igual que por los distintos cursos dictados por invitación en Centros universitarios españoles (Oviedo, La Laguna, Las Palmas) y extranjeros (UCLA, en EEUU; UNAM, en México; Nihon University, en Mishima, Japón), y por su ciclópea tarea de investigación, que ha abarcado los campos de la Historia y sobre todo de la Filología Clásica en toda su extensión, pues además de los aspectos específicos de la Filología Latina (Antigüedad Clásica, épocas Medieval y Moderna), ha estudiado asuntos varios de Filología Griega y de Lingüística Indoeuropea. Esta ingente investigación se resume en un buen número de obras publicadas: 24 libros (algunos de los cuales han merecido traducción a otros idiomas, como italiano, francés y japonés), 7 libros en colaboración, 41 capítulos de libros, 194 artículos en revistas científicas, 37 reseñas, 18 artículos de periódico, incontables conferencias y participaciones como ponente en Congresos nacionales e internacionales, etc.

Además, a lo largo de su fructífera tarea científica ha sido pionero de los estudios de Latín Medieval en España, gran impulsor de los estudios de tradición y pervivencia del mundo clásico, así como introductor de los estudios filológicos del Humanismo Latino, y todo ello sin haber abandonado la investigación en los aspectos centrales de la Filología Latina, como queda mostrado por su importante contribución a la Crítica Textual y al establecimiento del
texto de los autores antiguos.

La treintena de tesis doctorales (muchas de ellas publicadas) que ha dirigido han supuesto la creación de una escuela filológica que ha propiciado un gran impulso a los estudios e investigaciones tanto del mundo clásico como del medieval y moderno en toda España.

La noticia ha aparecido también reproducida en la web de la Sociedad de Estudios Latinos (SELat)

Viendo todo esto, y viendo a la gente que allí se reunió y, sobre todo, oyendo a quien recibió el reconocimiento a toda una vida de curiosidad, trabajo y magisterio, tengo que defender que la con perdón llamada ‘fruslería’ filológica es necesaria, tanto como la docencia. Suum cuique: cuando cada uno hace su trabajo, y lo hace bien, todos los demás salimos beneficiados. Alterum non laedere: sobre todo, tenemos que ser capaces de aceptarnos como somos sin tener que denigrar a los demás.