Diario de Avisos – miércoles 14 de noviembre de 2007
Leo en Diario de Avisos una noticia que habla de la decadencia de nuestras disciplinas, pero con un punto de vista novedoso. Ya no es sólo que las clásicas anden en números bajos, sino que están peor otras materias como, por ejemplo, Químicas. Está claro que no se trata de una cuestión de tener o no tener perspectivas laborales. Ni tampoco se trata de una percepción de estas carreras como de cosa inútil, para privilegiados o para ociosos.

¿Cuál es el problema? ¿Acaso estará en que la parte común de estos títulos es que se le exige a los estudiantes que estudien? ¿Será que nuestro pecado original consiste en no habernos percatado de que al estudiante, igual que al ciudadano de a pie, hay que mantenerlo entretenido y con el espejismo de una falsa facilidad en el acceso a la formación?

Pensemos el motivo de que tenga tanto éxito un género como la novela histórica: permite al lector tener la impresión de que, leyendo una recreación, aprende Historia sin esfuerzo. Pero, ¿realmente aprende o sólo se lo parece? La Historiografía (y de eso ya sabían bastante Heródoto, Tucídides, Livio, Salustio, Tácito…) no es una novela, sino una reflexión sobre las causas de los acontecimientos. Pero se trata de crear espejismos, no de formar.

Es lo mismo que ocurre con la demanda de estas carreras. Se vienen abajo porque hay pocas personas dispuestas a dedicarse a estudiarlas con profundidad. Y, luego, llegan los gurúes de la Pedagogía, la Didáctica y la Racionalización Administrativa y nos dicen que no son útiles. Ellos son los inútiles, no nuestras carreras ni nosotros. Que los echen. A los leones, a ser posible.

Y ahora, ahí va el texto.

Carreras sin competidores

Las facultades de Filología y de Química de la ULL sufren, desde hace años, una considerable pérdida de alumnado

Llevan mucho tiempo sumidas en una agonía lenta y dolorosa. Su exterminio se está llevando a cabo de la manera más sutil que existe: con un amplio espectro temporal para una ejecución cargada de alevosía.El ocaso de las enseñanzas clásicas está recorriendo muchas naciones sin que nadie parezca percatarse demasiado. Las leyes educativas, en su conjunto, están siendo cómplices de un proceso que llega a su punto álgido en los centros de enseñanza superior. La Universidad de La Laguna, inmersa en este declive, acoge sin remedio “una situación que es producto de la sociedad misma”. No es ningún secreto que “la educación y la cultura no están bien pagadas” en los tiempos que corren, reconoce Félix Ríos, decano de la Facultad de Filología de la institución lagunera. El resultado: “20 matriculados en Filología clásica en el primer curso”.

No obstante, las universidades sólo son el exponente máximo de un proceso que empieza a cultivarse desde el inicio de la vida académica. “Cada vez se dedican menos horas” a la implementación de unas enseñanzas que son la base de la cultura actual. El griego y el latín, los rescoldos que quedan en las aulas de colegios e institutos, sólo suplen “la curiosidad de unos pocos” al estar sumidas en la ’jungla’ de las optativas. Y al final, los datos estadísticos que se reflejan en los centros de enseñanza superior no pueden ser más alentadores.

“En los últimos años hemos pasado de contar con 1.000 alumnos a que sólo se matriculen 500” personas que se reparten por las cuatro filologías que oferta la ULL (Hispánica, Francesa, Inglesa y Clásica). Una tendencia dominante que sacude a todas las universidades del país. “En León, por citar un ejemplo, sólo se han matriculado 10 alumnos en Filología hispánica”. De momento en La Laguna -según los datos calculados por la ULL para este curso- hay 139 alumnos estudiando esta especialidad, de los cuales “66 empiezan este año”, concreta Ríos. Cifras que no apaciguan una realidad en la que “las humanidades están cayendo”por un abismo “del que confío que salgan en los próximos años”. Quizá porque quienes dedican su vida a este ámbito saben que las bases de cualquier estudio, aunque sea de ciencias, son las humanidades: un científico debe haber estudiado letras -y viceversa- para saber expresarse y tener un pensamiento crítico. Sin embargo, “no podemos olvidar la inserción laboral” . Algo que, por otra parte, no puede ser el aval que sustente a Filología clásica, porque sería imposible, señala Ríos. “Es una cuestión política dar continuidad a unos estudios que, en el Archipiélago, sólo pueden cursarse en Tenerife”. Una batalla ardua si se tiene en cuenta que “al Gobierno puede salirle más económico becar a 15 alumnos a otra facultad, como Sevilla, antes que mantener la titulación”. En circunstancias así, está claro que la sociedad tiene que re-encontrar la esencia de estos estudios. Ése es el gran logro capaz de perpetuarlos y devolverles un prestigio olvidado.

Sin embargo, las filologías no son las únicas carreras que notan un déficit en sus matrículas. La Facultad de Química de la La Laguna ejemplifica otro prisma desde el que observar esta crisis. “El número de alumnos” de nueva matriculación descendió bruscamente “hace cinco años”, cuenta la decana de este centro, Andrea Brito. Este curso hay 404 alumnos en la facultad divididos en Ingeniería química, Ciencias químicas (plan antiguo) y la licenciatura de Química. Caída que responde a que “todas las ciencias” acusan una importante bajada en el estudiantado. Ello -a juicio de Brito- se debe a tres razones fundamentales: “los alumnos salen del Bachillerato con notas muy bajas” en un país donde “cada vez se puede optar por más títulos” y “la natalidad” está en decadencia. Hoy, “muchas ingenierías se llevan a más alumnado porque piensan que tienen más salidas y más estatus social”. A ello se une que “el sistema no prevé plazas para investigación”. El futuro, por el contrario, se presenta esperanzador, ya que la ULL “cuenta con muchos profesores que rondan los 50 años”. El reemplazo es el ’cebo’ que pueden ofertar.

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