El criterio para valorar un curso creo que ha de ser tener en cuenta lo que se ha aprendido en él y la utilidad de haberlo hecho.

Considero que el balance de este es muy positivo teniendo en cuenta que nuestro punto de partida era de un nivel muy bajo de conocimientos de la materia y sobre según que aspectos de la misma, totalmente inexistentes.

Hemos adquirido muchas herramientas nuevas y hemos mejorado nuestros conocimientos sobre las que ya manejábamos.

Ahora sabemos que el ordenador no es un enemigo ni una máquina de tortura de nuestras analfabetas, en informática, y sufridas neuronas, sino que la pantalla es una manera más de asomarnos a las obras y de mirarlas con los ojos críticos y atentos que ha de tener todo buen filólogo.

Por eso, también valoro mucho el haber perdido el miedo a hacerlo mal, a cometer errores, de los que siempre se aprende más que de los aciertos.

Además, lo mejor de este curso, es que no se acaba aquí, porque en clase lo que se ha hecho es abrir la mente y abrirnos puertas, contarnos información sobre distintos programas y herramientas. Por lo que ahora que hemos descubierto su existencia y hemos hecho algunas prácticas de su aplicación, podemos seguir investigando y aprendiendo por nuestra cuenta.

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