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Hay discursos que marcan una época. Aquí pongo el de Chaplin en El Gran Dictador (1940). La fecha de la película lo dice todo. Es la secuencia final. El mundo está en guerra. Charlot ha pasado a la Historia y Chaplin ha decidido demostrar que, además de provocar risas, tiene ideología y piensa. El discurso no es un simple ejercicio de Retórica. Es una pieza de propaganda o, si lo preferimos, una auténtica arenga en defensa de la civilización. Merece la pena verlo de vez en cuando y comprobar que no ha envejecido.

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