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Tovar Paz, F. Javier, Un río de fuego y agua. Lecciones de Mitología y Cine, Cáceres, Universidad, 2006. ISBN 9788477237150

Cuando escribo algo acerca de Javier Tovar, reconozco que no puedo ser imparcial. Hay dos razones para esto: admiro su capacidad y, peor aún, lo considero un amigo. Quizá por esos dos motivos me he vuelto a lanzar a opinar sobre su producción más reciente, que viene a llenar el hueco que dejó En bandeja de Plauto

En realidad, no es un libro de cine, ni tampoco lo es de Tradición Clásica. Viene a ser, más bien, una revisión de cómo el mundo de los mitos antiguos impregna nuestra cultura occidental y aparece constantemente en los lugares menos esperados. Las películas son uno de esos lugares, sobre todo porque no analiza ningún peplum, sino que se dedica a estudiar cine “de verdad”. Lo dice muy a las claras en la página 11 cuando, en plena introducción, afirma:

…Constatar la presencia de un relato mitológico clásico, o su ‘arquetipo’, puede convertirse en un pensamiento con forma de tautología o bucle: una película se dotaría de un rasgo cultural -el de un mito clásico- como valor añadido, al tiempo que conformaría la importancia de la propia referencia mítica por cuanto un medio contemporáneo como el cine se estaría haciendo eco de ella.

Creo que Javier Tovar busca varias cosas con su libro. De las palabras anteriores se deduce claramente que la identificación de un mito en una película no se debe poner en conexión con ningún tipo de búsqueda de fuentes (quellenforschung, para los pedantes), ni tampoco busca añadirle ni restarle nada a esa obra.

Partiendo de la base de que: la Mitología es ‘grecolatina’ (p.19), y de que: la Tradición Clásica consiste en el estudio de las ‘anécdotas’ de raigambre grecolatina (ibidem), el ensayo se plantea en un campo de juego en el que se reconoce perfectamente la poderosa originalidad del autor (aún recuerdo la conferencia que nos impartió en la Universidad de Almería con el título de: El cine en el mito), que huye de enfoques algo ya anticuados para adentrarse en un tipo de estudios que respetan tanto la fuente como el producto resultante de la relectura de esa fuente. Lo dice en la página 19:

El propósito es el de enriquecer los filmes sin necesidad de suplantar otras lecturas e interpretaciones de las pelíclas (aunque sin dejar de filtrar la emoción que transmite el descubrimiento), y sin defender en ningún momento que la lectura mitológica sea la de mayor relieve.

Al final, él mismo propone situarse en la perspectiva de un Auerbach o un Curtius, que (p.21):

interpretan los textos de forma autónoma y, al tiempo, dentro de unas coordenadas de lectura de la cultura occidental y sus orígenes

Desde este punto de vista, se entiende perfectamente que analice el doble mito de las tres Gracias y el juicio de las tres Diosas (muy pronto confundidos en nuestra cultura) recurriendo a películas como Los muertos o El festín de Babette; igual que se entiende y justifica que sus reflexiones sobre Barrio o Eyes Wide Shut lo lleven a hablar del fenómeno de la ‘katábasis’ como parte del viaje que todo héroe épico debe afrontar en busca del conocimiento de sí y de su futuro.

Los análisis de Javier Tovar tienen la virtud de que muestran igual amor por la cultura grecolatina que por la producción cultural moderna. Huye del espejismo de enjuiciar el presente por la visión idealizada del pasado (un ejemplo de esto he visto últimamente en la web de culturaclasica.com), pero también se aleja del tópico postmoderno de la destrucción del pasado y el final de la Historia.

Dado que seguimos siendo parte del contínuo de la cultura grecolatina, el estudio de la Tradición Clásica no es el de la pervivencia a pesar de los nuevos tiempos, sino el de la mutación conforme a las necesidades del momento. Creo que es la manera correcta de enfocar la cuestión. Cualquier otro tipo de análisis, o nos da por muertos y enterrados, o se opone de modo frontal, elitista e innecesario al clima cultural actual. Sólo sobreviven las especies mejor adaptadas a su medio ambiente, y está claro que este tipo de estudios justifica nuestra presencia en el siglo XXI mucho mejor que las lamentaciones por la desaparición de la imitación de la subordinada consecutiva ciceroniana.

Es un libro de obligatoria lectura, y no sólo para los aficionados al cine.

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