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Hace algún tiempo, mientras hacía hora en Barajas hasta la salida de mi avión, compré un libro que me interesó mucho: Viaje por las mentiras de la Historia Universal.

Tiene de todo un poco, se lee con facilidad y proporciona algunas informaciones curiosas. Pero no lo traigo aquí por eso, sino por algo que cita en la página 19.

Hablando de la Dialéctica Erística, de Schopenhauer, cuenta algunas de las recetas de este filósofo para ganar un debate. Merece la pena mencionarlas aquí:

  1. Irritar al oponente y, si se consigue, seguir irritándolo.
  2. Confundir al oponente haciéndole preguntas que no guardan un orden lógico entre sí.
  3. Interrumpir al oponente si vemos que su argumentación va bien encaminada.
  4. Menospreciar al auditorio abusando de argumentos de autoridad.
  5. Desconcertar al oponente haciendo gala de un exceso de locuacidad.

Hay más recetas, pero Tarín no las cita, ni tampoco dice si lo que hace Schopenhauer es, en realidad, un ejercicio de cinismo aplicado.

Ahora bien, lo preocupante es que todas estas recetas se ven en funcionamiento en cualquier debate de radio o televisión. Es tramposo este sistema porque no busca convencer ni enseñar, sino sólo destruir y confundir.

Esto no es Retórica. Es propaganda.