Mientras preparaba los materiales para Latin Documentary Textel curso del CEFIRE, me quedé pensando un rato sobre cómo enseñamos la lengua latina. Está claro que nuestros estudiantes no nos siguen como deberían, y que eso no puede ser culpa suya.

¿Cuál es nuestra responsabilidad? ¿Cómo podemos arreglarlo?

Procediendo por partes, está claro que ningún profesional de la enseñanza del español como lengua extranjera empieza pidiéndoles a sus estudiantes que entiendan el Romancero Gitano, de Federico García Lorca. Incluso más: si se lo propusiéramos, pondría cara de lechuza y nos miraría como si se nos hubiera ido la cabeza. Más aún, hasta nosotros veríamos raro empezar así…

Pero no nos causa problemas excesivos tomar a César, Cicerón, Virgilio u Ovidio para trabajarlos en clase con criaturas de Instituto. Dos son los errores que veo aquí:

  • Es posible que los estudiantes no tengan suficiente nivel cognitivo para comprender determinados niveles de abstracción conceptual o, en otras palabras, no pueden enterarse de los conceptos, a lo que se le une su desconocimiento de la lengua latina. Bien por nosotros si perseveramos en esta línea.
  • El aprendizaje que se hace no es significativo: pasar de las tablas morfológicas al análisis de texto es un salto metodológicamente inaceptable. Otra vez, bien por nosotros si seguimos así.

Otra cosa sería que, en los niveles iniciales, acostumbráramos a nuestros estudiantes a manejar una lengua con soltura, utilizando textos graduados a sus conocimientos lingüísticos, pero también a sus expectativas personales. Esto implica que debemos olvidarnos de los literatos y centrarnos en otras cosas.

Si el objetivo es que comprendan la lengua latina, pues será bastante más productivo encaminarlos a webs como los Nuntii Latini, Radio Bremen, Ephemeris… Con el pretexto de que entiendan noticias que pueden estar recibiendo todos los días, podemos empezar a dosificar lo que aprenderán de latín.

Y, cuando llegue el momento, leerán a César y disfrutarán a Virgilio. Cuando llegue el momento.

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