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Últimamente, he tenido que presentar o clausurar distintos tipos de conferencias, jornadas, congresos y, en general, actos académicos. Cosas del cargo. Sea como sea, es una buena manera de practicar la Retórica.

Nos encontramos ante un caso claro de género demostrativo o, apurando más, ante el subgénero demostrativo del elogio.

¿Cómo se estructura este tipo de intervenciones?
Primero, tengamos en cuenta que los asistentes suelen estar convencidos de la utilidad de la actividad que se les plantea, lo que significa que no es imprescindible ganárselos sino, más bien, reforzarlos.

En segundo lugar, la cuestión central que se plantea es la de la justificación de la actividad y de su importancia para la Universidad.

En tercer lugar, lo habitual es que el público esté hecho a la idea de que tiene que estar allí y aguantar lo que le diga el capitoste de turno… en este caso, yo.

De acuerdo con estas premisas, podemos contar con un esquema básico para trabajar:

  • Salutación: empezando por la jerarquía más alta y llegando hasta el público en general. La menos comprometida es del tipo: “Autoridades, compañeros y compañeras, amigos…”
  • Agradecimientos: siempre es una mala idea felicitar a la organización por haber tenido la idea de hacer lo que estamos presentando; es preferible darles las gracias por su dedicación, su esfuerzo, sus ganas de hacer algo más que el trabajo de todos los días… Si hay patrocinadores externos, conviene centrarse en el agradecimiento por su colaboración y en señalar nuestra voluntad de seguir contando con su ayuda.
  • Elogio de la actividad: podemos centrarnos en su interés académico (siempre será muy alto); en su novedad o, al contrario, en el hecho de que ya cuenta con una larga trayectoria; en la calidad de los participantes (siempre será mucha); en la variedad del programa o, al contrario, en su especialización…
  • Elogio de los organizadores: dependiendo del contexto, podemos ponerlo antes del elogio de la actividad. No viene mal intentar hacer algún comentario que revele que tenemos una cierta familiaridad con ellos, o confianza en sus capacidades, o admiración por sus logros…
  • Cierre de la intervención: puede usarse una fórmula en la que se indique el hecho de que quien abre / cierra una actividad no debe extenderse más allá de lo razonable ni abusar de la paciencia de un público que tiene que atender a las palabras de alguien que (en la mayor parte de las ocasiones) no es especialista en la materia que se trata. Conviene reiterar los agradecimientos y ponerse a la disposición de los organizadores para seguir colaborando con ellos en un futuro próximo.
  • Este esquema mínimo nos puede servir para salir del paso. De cualquier manera, no sería mala idea (al menos, las primeras veces) hacerse un bosquejo de lo que se quiere decir y ensayarlo con gente de confianza.

    Si alguno de vosotros, rétores, quiere discutir el esquema o incluso ensayarlo, ha llegado al sitio correcto.