En el debate de los Presupuestos Generales del Estado, recién acabado, pudimos asistir a una demostración de pobreza argumental y exceso de confianza en uno mismo. Oímos al jefe del Partido Principal (PP) de la oposición hacer toda una pirueta que venía a ser, más o menos, así:

“No hemos discutido el Estatuto de Cataluña. El Estatuto cambiará el régimen financiero del Estado. Los Presupuestos hablan del régimen financiero del Estado. No podemos hablar de los Presupuestos hasta que se discuta el Estatuto”.

La hipérbole sobre la desaparición del Ministerio de Economía y Hacienda es, básicamente, hipérbole.

En el razonamiento de Rajoy se contienen unos cuantos errores lógicos de novatillo o de demagogo barato, entre los que debemos destacar el uso indebido de la estructura del silogismo: coloca el Estatuto de Cataluña como premisa mayor, y los Presupuestos como menor, de donde que infiere una conclusión. El problema es que la mayor no está relacionada con la menor y, aun si lo estuviera, no es el mismo asunto en mayor medida, de donde que cualquier conclusión sea formalmente errónea. A esto se le debe denominar “sofisma”.

Seguro que eso es lo que el Ministro de Economía quería decir cuando achacaba a Rajoy el haber dicho una “zafiedad”. Es evidente que no se contenía ahí ningún vocablo que atentara contra el pudor o las buenas costumbres, sino un razonamiento que hiere incluso a quien esté dotado de menos inteligencia.

¡Ay, tiempos! ¡Ay, (malas) costumbres! Te echamos de menos, Marco Tulio Cicerón.