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Domingo, 20 mayo, 2012

Aplicaciones para latinistas: Latin +

Con esta entrada, quiero iniciar una serie dedicada a analizar hasta qué punto pueden las aplicaciones del mundo Apple ayudarnos en nuestra tarea de latinistas. Pueden considerarse pequeñas reseñas concebidas para que quien esté buscando una funcionalidad o pensando si instalar un programilla tenga otro elemento de juicio antes de pasar por caja.

¿Por qué el mundo Apple y no el de Android? No hay ningún sectarismo en esto, o no más allá del simple hecho de que uso iPad y iPhone, pero no una tableta que ejecute el sistema Android. Si tu caso es este último y quieres enviar reseñas, te lo agradecería enormemente.

Me centraré en varias cosas. Empezaré siempre proporcionando datos como el enlace a la tienda iTunes, el precio, los dispositivos en los que puede funcionar y otros desarrollos semejantes de la misma persona. La segunda sección será una reproducción de los elementos que el desarrollador señala como especialmente destacables. La tercera parte contendrá mi opinión sobre aspectos positivos, mejorables y negativos de la aplicación.

Por motivos evidentes, evitaré siempre reseñar aplicaciones de precio desmedido: nadie me paga por hacer esto, conque mi primera opción será siempre dirigirme a aplicaciones gratuitas o extremadamente económicas y, superando la barrera de los seis euros, prescindiré de ellas.

TEN BUENA TRAVESÍA, NAVEGANTE

Nombre: Latin + (Este enlace da acceso a la tienda Apple)

Precio: 0,79€ - Categoría: Referencia - Actualizado: 16/09/2011 - Versión: 1.2 - Tamaño: 23,0 MB - Idioma: Inglés - Desarrollador: Paul Hudson - Compatible: iPhone, iPod Touch, iPad. - Requisitos: iOS 4.2 o posterior - Otras Apps del mismo desarrollador: SQLite +Ancient Greek DictionaryHarpsichordLearn Latin

Funcionalidades declaradas por el desarrollador:

Más de 160000 definiciones - Navegación con sistema de búsqueda - Completas referencias a cómo y cuándo se usó cada palabra - Opción de definiciones concisas en una lista- No necesita acceso a la red

Algo bueno:
Esta aplicación es un diccionario portátil. Fundamentalmente, se trata de una serie de bases de datos conectadas que dan acceso a definiciones en los diccionarios de Lewis & Short y de Whitaker. Como ventaja fundamental, podemos señalar que nos evita tener que conectarnos a sitios como el Perseus Project (que cuenta con la versión electrónica del Lewis), ya que funciona perfectamente sin conexión a la red. La usabilidad es buena, siempre que no pidamos más de lo que puede dar.

Algo mejorable:
Me habría gustado que el programa ofreciera algo más de valor añadido. Así, y ya que se trata de entradas tomadas del Lewis & Short, aparecen textos latinos que hubieran resultado extremadamente interesantes de consultar si, por ejemplo, para la entrada cuyo pantallazo adjunto aquí, nos hubiera dado la opción de navegar a los textos de otros autores. No es nada extraño lo que aquí menciono, cosa que puede comprobarse cuando accedemos a la versión electrónica del Lexicon y vemos que, para la entrada de abacus, se nos proporciona el mismo texto y los enlaces a los autores correspondientes. Desde luego, Perseus ofrece unas posibilidades de uso muy superiores a las de esta aplicación, y no se puede pedir que las replique un programa distinto, aunque no estaría de más poder haber contado con algo de ayuda para no estar saltando de sitio a sitio.

Algo negativo:

La utilidad de esta aplicación se reduce especialmente desde el momento en el que hace falta un buen nivel de conocimiento de la lengua inglesa, que es la única utilizada.

Sábado, 5 mayo, 2012

No, así no se arregla la Universidad

Artículo publicado en la revista NovaCiencia (Mayo de 2012)

El pasado día veinte de abril, el Boletín Oficial del Estado publicó un Real Decreto-ley “de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo” en el que se afirma que:

“se combinan medidas de carácter excepcional, cuya aplicación se justifica por la actual coyuntura económica, con otras de carácter estructural que introducen novedades que contribuirán decisivamente a mejorar la eficiencia del sistema educativo español”.

Qué bonitas son las palabras, qué dulces sus sonidos, qué armónicas las dulces combinaciones de los significados en la música del texto hasta que chocamos con la realidad. Personalmente, diré que ese preámbulo ya me empezó a alarmar y que, conforme fui leyendo, la alarma se convirtió en algo más. Irritación podría describirlo bien.

Para empezar, el Real Decreto utiliza el término de excepcionalidad, pero con eso no se refiere a otra cosa sino a que las medidas:

“resultan imprescindibles para cumplir con la senda de consolidación fiscal fijada y con el compromiso de reducción de déficit de la Unión Europea”.

En otras palabras, que se toma una serie de decisiones que afecta a la estructura y funcionamiento del sistema educativo español porque hay que ahorrar con urgencia. Interesante. ¿Tan urgente es exigir a las Universidades en el mes de abril que confeccionen: “la liquidación de su presupuesto antes del primero de marzo del ejercicio siguiente“? ¿Tan perentorias son las exigencias de la Unión Europea que hay que legislar por la vía excepcional que: “la dedicación a tiempo completo del profesorado universitario será requisito necesario para el desempeño de órganos unipersonales de gobierno”? ¿Tanta prisa corre subir el precio de las matrículas que se harán dentro de unos meses que no se puede esperar ni a discutirlo en el Congreso de los Diputados, el mismo órgano que cambió la Constitución Española en menos de un mes?

Establece el Gobierno que:

“en el ámbito de las Universidades se determina la actividad docente a desarrollar por el personal docente e investigador de las Universidades, que se gradúa en atención a la intensidad y excelencia de su actividad investigadora”…

Miren, hay Facultades en las que el profesorado está sobrecargado por número de estudiantes, grupos, asignaturas y clases. Aplicando el Decreto, a más tiempo de clases, menos de investigación; a menos tiempo de investigación, menos resultados; a menos resultados, menos sexenios y, a menos sexenios, más clases. Esto no es eficiencia ni, ya que en esto estamos, responde a la realidad.

En la Universidad, el profesorado puede, si quiere, cada seis años solicitar un complemento de sueldo que se obtiene enviando cinco publicaciones o resultados de calidad a una Comisión nacional que decide, si quiere, que se le adjudique o no el complemento a quien lo solicita. Este complemento de sueldo, el sexenio de investigación (el “gallifante”, para los amigos) es voluntario y potestativo. Voluntario porque depende de cada persona pedirlo o no; potestativo porque depende de la Comisión concederlo o no. El sexenio no mide la investigación. Como mucho, mide el éxito de un investigador ante una Comisión. Así no se hacen las cosas, creo yo.

Menos mal, por cierto, que esas medidas sólo se aplican a los profesores de la Universidad pública. Si la intensidad, abundancia y excelencia de la investigación fuera el criterio para decidir cuántas horas de clase tiene un profesor, me da que algunas Universidades privadas podrían dar todos sus títulos con diez o doce profesores. Y sobrarían.

Pero lo que más me irrita del contenido del Decreto ha sido la subida que se aplica a las matrículas en las enseñanzas universitarias. Los profesores hacemos y haremos nuestro trabajo igual que lo seguimos haciendo después de ver cómo se nos recortaba porque sí y a golpe de BOE hasta un siete por ciento de nuestro sueldo. Ahora bien, tocar a los estudiantes y a sus familias es otra cosa. El aumento del precio de las matrículas es una desmesura que en ningún párrafo del Decreto se explica ni justifica. Cuando no se dispone de dinero, quien menos euros tiene es quien peor lo lleva para mejorar su formación. Así no se vela por los intereses de la ciudadanía.

Si el efecto buscado hubiera sido el equilibrio sin perjuicio de los estudiantes, el precio de la matrícula dependería de la renta de cada familia: más ganas, más pagas; menos ganas, menos pagas. No, no me digan que con las becas lo van a compensar. El Decreto dice que el Estado va a pagar en becas el mínimo de lo que establezcan los Presupuestos Generales y que el resto será decisión de las Comunidades Autónomas. Las Autonomías, sí, esas instituciones que están vigiladas, a las que se obliga a reducir gastos, las que pueden ser intervenidas por el Estado si se gastan más de la cuenta. Sí, exactamente, si no es una reducción de las becas, poco falta. Así no se compensa la subida de las matrículas.

Esto no es una medida de racionalización del gasto. Esto no es una mejora de la eficiencia del sistema. Esto no se justifica por razones de urgencia. Esto es un recorte que afecta desigualmente, que provoca mayores desigualdades, y que no tiene relación directa con la crisis. No creo que nadie se extrañe de que los estudiantes, los profesores, las familias, protestemos.

comitiva académica¿O alguien cree que, después de todo esto, la Universidad saldrá en solemne procesión cívica con loores a la racionalización, cánticos de alabanza a la eficiencia e himnos marianos?

AÑADIDO – Así se describen los sexenios:
“Corresponde a la CNEAI llevar a cabo la evaluación de la actividad investigadora de los profesores universitarios y de las escalas científicas del CSIC. La solicitud de evaluación (por periodos de seis años) es voluntaria, al tratarse de conseguir un complemento de productividad incentivador, cuya finalidad es fomentar el trabajo investigador de los profesores universitarios y su mejor difusión tanto nacional como internacional.”

Domingo, 15 abril, 2012

No estamos solos

No es un día cualquiera“, Radio Nacional de España, 14/03/2012

Tertulia de Pepa Fernández desde Calahorra con Emilio del Río (Profesor Titular de Filología Latina de la Universidad de La Rioja y Consejero de Presidencia y Justicia del Gobierno de La Rioja), Antonio Fraguas (“Forges“) y Álex Grijelmo.

Por primera vez, he encontrado a un grupo de personas que habla de la utilidad del latín, pero sin adoptar posturas de falso elitismo, sino simplemente señalando qué elementos contiene para facilitarnos la vida del día a día. Cierto es que a algunos se les va la idea y desbarran, pero cierto es también que nos hacen un buen servicio a quienes tenemos que estar día a día luchando contra los Iluminados y su sentido de la eficiencia. El latín sirve para muchas cosas; los Iluminados, para ninguna.

Echadle un rato de escucha a la tertulia y, por favor, enviad todos los comentarios que se os ocurran. Esta entrada me gustaría que fuera para discutir y replicar la tertulia, no para que quede flotando en el aire virtual de la blogosfera.

Puedes acceder a la tertulia desde la web o descargándote el audio en esa misma URL a la que te enlazo.

Ave.

Viernes, 6 abril, 2012

El hombre del teatro sin nombre

¿Y ahora, qué?

[Artículo publicado en el Diario de Almería el 06/04/2012. Aquí, más visual y con enlaces]

Retirar el nombre de Rafael Alberti de la fachada del Teatro de Huércal-Overa me parece propio de mentecato; que quien ha dado esa orden se parapete en cuestiones de procedimiento se me antoja cobardía. ¿Fastidia a un concejal tener el nombre de un comunista en su fachada? Dígalo así. ¿Quiere ponerse en facha de renovación cultural? No se esconda. ¿Columbra que puedan molestarse en El Puerto de Santa María, patria chica también de Pedro Muñoz Seca y actualmente regida por el Partido Popular? Razón tendrá.

Si la eliminación del nombre viniera realmente motivada por un criterio técnico, se habría hecho abriendo primero un periodo de sugerencias, o proponiendo otro nombre diferente. No ha sido así, luego sólo puede colegirse que cualquier nombre, incluso ningún nombre, era mejor a ojos del ilustre concejal de Cultura de Huércal-Overa que el de Rafael Alberti. Muchas veces, lo que no se dice es más elocuente que lo que se proclama. Y aquí, aunque la lengua dice que “el nombre no vende”, en realidad se proclama que el del poeta del Puerto de Santa María es un nombre que molesta, enfada o sobra.

El que no vende

Que un teatro lleve el nombre de un dramaturgo no es desdoro; que un teatro andaluz lleve el nombre de un dramaturgo andaluz no es agresión; que se le otorgue al Teatro de Huércal-Overa el nombre de Rafael Alberti no es deshonor. Lo que deshonra al municipio es la actitud de una persona que se escuda en argumentos peregrinos para no decir que un comunista (parece que los premios y reconocimientos que cosechó Alberti como escritor y dramaturgo no se consideran bastantes) no puede estar en la fachada de un Teatro Municipal.

Me preocupa, como profesional que soy de las Letras, que el ámbito cultural sea una de esas tareas de gestión que se le encargan a un cualquiera sin entrar a conocer sus merecimientos. Se nombra responsables de instituciones investigadoras a quienes no poseen título de Doctor; se pone al frente de instituciones de gestión de la cultura y la educación a quien no crea ni forma; se parte de la base de que un cualquiera puede tomar decisiones en estos ámbitos. De este modo, la tropa de los gestores, me temo, no deja prisioneros.

La cultura no es un negocio (aunque lo favorece), ni es una empresa (aunque las hay de base cultural), ni puede ser un lugar en el que colocar al que hay que dar un cargo. La cultura es la manifestación de un pueblo, su seña de identidad, el lugar en el que las personas se tienden la mano y se miran a los ojos porque conocen su herencia común y se reconocen como miembros del género humano por encima de sus convicciones políticas. Es algo demasiado importante como para encargárselo a un cualquiera.

Soy filólogo, Doctor en Filología y profesor de ese Departamento, ejerzo de Decano de una Facultad de Humanidades, y me confieso colaborador necesario en la organización de actividades dedicadas al estudio y el fomento de la Literatura. Con todo esto en mis alforjas, afirmo que eliminar de cualquier espacio cultural el nombre de un escritor, sea Alberti, García Lorca, Muñoz Seca o Pemán, no es baladí, ni neutral, ni admisible. Es una afrenta a las letras españolas proferida por alguien que parece tener las justas.

Seguro que el Concejal de Cultura de Huércal-Overa lo hará bien en otros ámbitos, pero igual debería plantearse el Alcalde que lo nombró dedicarlo a actividades más acordes a sus capacidades. Podría, se me ocurre, encargarlo de dirigir al equipo de operarios que vuelva a poner en su sitio el nombre de Rafael Alberti. A eso lo llamaría yo “justicia poética“.

Domingo, 25 marzo, 2012

¿Quién protegerá a mis estudiantes de quienes dicen proteger mis derechos de autor?

delacroix.jpgEn el diario El País hay un artículo que merece la pena leer, aunque sólo sea para ver cómo, en tiempos de carestía, quien tiene de su parte a la autoridad acaba exprimiendo a quien tiene la necesidad. Se trata de cómo una organización de gestión de derechos de autor (no, no la SGAE, sino su prima pequeña, CEDRO), ha demandado a la Universidad Carlos III por colocar en el aula virtual artículos científicos para que los estudiantes los consulten y trabajen con ellos.

Lejos de mi intención ha estado siempre crear problemas, tanto como plegarme a las extorsiones. Mi actitud, al menos en lo que se refiere al ámbito de la política universitaria, es siempre de colaboración, incluso cuando entiendo que esa colaboración pasa por afirmar con vehemencia el desacuerdo y aceptar que la mayoría tiene la decisión legítima, aunque no coincida con ella. No siempre gana quien vence.

Sé que las Universidades se encuentran entre la espada y la pared, y por eso mismo pienso que las gentes de Letras debemos ser quienes se alcen y protesten, para que se vea que, aun en el caso de que ganaran, se demuestre que lo hacen por ser un lobby, no por tener la razón. O, como decía el bueno de Unamuno, podrán vencer, pero no convencer.

Si ahora nos achantáramos, ¿qué vendría detrás?

Para nosotros, los humanistas, el acceso a los textos es vital e insustituible, y lo que hacemos es copia privada de los materiales de trabajo (creo que sigue estando contemplado este caso en la legislación). Coartar ese acceso a nuestra producción científica es mermar la formación de nuestros estudiantes y dificultar aún más una tarea que cada vez ahogan con mayor intensidad las autoridades de la política de investigación con la falta de subvenciones.

Imaginemos que, como trabajo con textos del siglo XVI, copio un capítulo, lo subo al Aula Virtual, mis estudiantes lo manejan para su trabajo y CEDRO nos demanda. ¿Qué derechos de autor infrinjo? ¿Unos que tienen más de cuatrocientos años de antigüedad? Y no hablemos ya de, por ejemplo, la Ilíada, posiblemente redactada hacia el siglo VIII aC…

Es lógico proteger los derechos de la creación literaria, y nunca defendería que se fotocopie, por ejemplo, ni una página de un libro de poemas, aunque fuera de Antonio Gala. Pero un capítulo de libro o un artículo escolares son cosa distinta, máxime cuando algunos de nosotros (no podría decir cuántos) hemos decidido no ser miembros de esa “familia” que dice velar por nuestros intereses cobrando un impuesto de protección. De protección de la propiedad intelectual, por supuesto, no vayamos a pensar en otras cosas.

Si no podemos suministrar a nuestros estudiantes lo que necesitan para trabajar, ¿qué haremos? ¿Pedirles que confíen en afirmaciones basadas en el dogma? ¿Transmitirles que su pensamiento podrá ser crítico sólo en el caso de quien tenga suficientes ingresos para acceder a los textos? ¿Decirles que, aunque mis materiales no sean propiedad de CEDRO, me veo obligado a renunciar a mis derechos de autor para que velen mejor por sus intereses corporativos?

Debería ser éste el momento de demostrar que la Universidad debe ser tenida en cuenta como institución en la que el pensamiento y la formación tienen su reino. Dado que con tal desparpajo admiten que la demanda de la que se habla es una herramienta para forzar la negociación, tomar posiciones fuertes no será cuestión contraproducente, sino quizá una manera de fijar los límites mínimos de esa negociación.

El conflicto no lo crean las víctimas, sino los agresores.

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